
La Agrupación de Tráfico ha impedido 147 concentraciones de carreras ilegales durante el primer semestre del año, mientras los investigadores alertan de una modalidad que se organiza cada vez más a través de redes sociales y que eleva el riesgo para conductores, peatones y agentes
La Guardia Civil de Tráfico ha desactivado 147 carreras ilegales o concentraciones vinculadas a este tipo de competiciones durante el primer semestre de 2026, un dato que pone de manifiesto el crecimiento de las denominadas «kedadas» clandestinas y la preocupación de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad por una actividad que puede convertir las carreteras en escenarios de enorme peligro.
Las concentraciones, protagonizadas principalmente por coches y motocicletas, se organizan habitualmente a través de Instagram, WhatsApp y Telegram. Los participantes utilizan las redes sociales para establecer puntos de encuentro, seleccionar las localizaciones y, en algunos casos, establecer mecanismos de acceso que dificultan la infiltración de personas ajenas al grupo.
El fenómeno ha dejado de ser únicamente una cuestión relacionada con las carreras clandestinas. Las investigaciones de la Guardia Civil han permitido detectar comportamientos que incluyen conducción temeraria, circulación a velocidades extremas, maniobras peligrosas, modificaciones ilegales de vehículos, ocultación de matrículas y resistencia a la actuación policial.
De las concentraciones de aficionados a un fenómeno de riesgo
Las denominadas «kedadas» suelen comenzar con una concentración de vehículos en aparcamientos o espacios amplios situados cerca de grandes vías de comunicación. Desde allí, los participantes se desplazan hasta el lugar concreto elegido para las carreras.
Uno de los elementos que más preocupa a los investigadores es que el riesgo no comienza cuando se inicia la competición. Los desplazamientos hasta las localizaciones pueden convertirse también en auténticas carreras, con vehículos circulando a gran velocidad, realizando adelantamientos peligrosos o incluso zigzagueando entre el resto de usuarios de la vía.
En determinadas ocasiones se han detectado además conductas especialmente graves, como circular en sentido contrario, bloquear parcialmente una carretera o realizar maniobras que obligan al resto de conductores a reaccionar de manera imprevista.
De esta forma, el peligro no afecta únicamente a quienes participan voluntariamente en estas concentraciones. Cualquier conductor que se encuentre en la misma carretera puede convertirse en víctima de una maniobra imprudente.
Vehículos modificados y matrículas ocultas
Otro de los aspectos detectados en las investigaciones es la preparación de los vehículos utilizados.
Algunos participantes modifican sus coches para incrementar sus prestaciones, introduciendo cambios en los escapes, suspensiones, llantas o sistemas destinados a aumentar la potencia. También se han detectado vehículos equipados con sistemas de óxido nitroso.
En algunos casos, estas modificaciones se retiran temporalmente para superar las inspecciones técnicas y posteriormente vuelven a instalarse.
La ocultación de las matrículas constituye igualmente uno de los métodos empleados para dificultar la identificación de los conductores. Según los investigadores citados en la información publicada, se han observado desde matrículas tapadas hasta sistemas que permiten modificar su posición electrónicamente.
Las redes sociales, una herramienta fundamental para las investigaciones
La utilización de las redes sociales ha cambiado la manera en la que se organizan estas concentraciones.
Los organizadores pueden comunicar rápidamente horarios, lugares y condiciones de participación, mientras que determinados grupos han establecido incluso sistemas de selección de participantes. En algunos casos se exige superar un cuestionario y aportar fotografías del vehículo antes de poder acceder a determinados canales o convocatorias.
Pero la misma herramienta que utilizan los organizadores también se ha convertido en una fuente de información para los investigadores.
La Guardia Civil emplea agentes de paisano, vigilancia en redes, grabaciones y drones, entre otras técnicas, para identificar a participantes y organizadores y documentar las conductas que se producen durante las concentraciones.
Más de 500 personas en algunas concentraciones
La dimensión de algunas de estas «kedadas» permite comprender la magnitud del fenómeno.
En determinadas concentraciones se han contabilizado más de 500 personas, entre participantes y espectadores. Las reuniones se desarrollan principalmente durante las noches de fines de semana y festivos, aunque durante el verano la actividad puede extenderse prácticamente a cualquier día.
En el lugar donde se celebran las carreras pueden aparecer además elementos destinados a convertirlas en un espectáculo: bengalas, humo y fuegos artificiales, mientras los vehículos realizan aceleraciones, derrapes y competiciones de velocidad.
La investigación también ha detectado sistemas de financiación mediante aportaciones de los propios asistentes para sufragar determinados gastos de organización.
Un problema que también afecta a los agentes
La evolución de estas concentraciones ha añadido otro elemento de preocupación: la creciente hostilidad hacia los agentes de la autoridad.
Una investigación desarrollada en Madrid ha permitido detener a 11 jóvenes de entre 18 y 25 años por delitos que incluyen conducción temeraria, falsedad documental, simulación de delito, desobediencia grave y pertenencia a organización criminal. La operación continúa abierta y el número de investigados ha aumentado.
Los investigadores han documentado incluso ataques contra agentes durante determinadas concentraciones. En uno de los episodios investigados, en Borox (Toledo), dos guardias civiles que se encontraban en un vehículo patrulla fueron atacados con un extintor y tuvieron que abandonar el lugar para evitar una agresión.
Este tipo de comportamientos supone un salto cualitativo respecto a las tradicionales concentraciones de aficionados al motor y añade un componente de riesgo para la propia seguridad de los agentes encargados de intervenir.
Una actividad que traspasa fronteras
Las investigaciones también apuntan a la existencia de desplazamientos entre comunidades autónomas para participar en determinadas carreras.
Los participantes pueden recorrer cientos de kilómetros para acudir a una convocatoria concreta, lo que convierte el fenómeno en una actividad con capacidad para desplazarse rápidamente de un territorio a otro.
La operación desarrollada por el Grupo de Investigación de Accidentes de Tráfico (GIAT) de Madrid ha tenido ramificaciones en diferentes puntos de España, entre ellos Madrid, Córdoba, Navarra y Cuenca.
147 carreras desactivadas en seis meses
El dato de 147 carreras o reuniones desactivadas durante los primeros seis meses de 2026 ofrece una dimensión clara del trabajo preventivo desarrollado por la Guardia Civil de Tráfico.
No se trata únicamente de intervenir cuando una competición ya está en marcha. Una parte esencial del trabajo consiste en detectar las convocatorias, identificar a los organizadores, localizar los puntos de encuentro y anticiparse a la celebración de las carreras.
La estrategia combina investigación, vigilancia presencial y seguimiento de la actividad desarrollada en internet, con el objetivo de impedir que estas concentraciones lleguen a convertirse en situaciones de peligro para los propios participantes y para el resto de usuarios de las carreteras.
Un fenómeno que exige vigilancia permanente
Las cifras y las investigaciones conocidas durante este año muestran que las «kedadas» clandestinas constituyen un fenómeno que ha evolucionado rápidamente gracias a las nuevas formas de comunicación.
Lo que en algunos casos puede presentarse como una reunión de aficionados al automóvil o al motociclismo termina derivando en competiciones de velocidad sin autorización, maniobras extremadamente peligrosas y enfrentamientos con los agentes encargados de garantizar la seguridad vial.
La actuación de la Guardia Civil pretende cortar esa evolución antes de que las consecuencias sean irreparables. Porque detrás de cada carrera ilegal no solo existe el riesgo para quien decide participar: también están en juego la seguridad de quienes circulan por la misma carretera y la integridad de los agentes que intervienen para impedirlas.
147 concentraciones desactivadas en apenas medio año reflejan tanto la dimensión del problema como el esfuerzo de investigación y prevención necesario para combatirlo. Y todo apunta a que, mientras las redes sociales sigan facilitando la convocatoria rápida y descentralizada de estas carreras, la vigilancia sobre este fenómeno continuará siendo uno de los retos de la seguridad vial.









































































