
José Mac-Crohon Blake asumió la Inspección General de la Guardia Civil y renunció al cargo apenas dos meses después. Francisco Javier Girón Ezpeleta retomó la dirección de la Guardia Civil y reforzó la disciplina mediante nuevas circulares oficiales
El mariscal de campo José Mac-Crohon Blake, que había sido nombrado por real decreto de 1º de agosto de 1856, inspector general de la Guardia Civil, ascendió cuatro días después al empleo de teniente general, siendo, a pesar de ser el tercero en dirigirlo, uno de los más desconocidos en la Historia del benemérito Cuerpo.
La jornada anterior había firmado su primera circular dirigida a los jefes de Tercio, con el objeto de que se difundiera por todas las unidades de la Benemérita. En aquella, puso en valor, entre otras cuestiones, “los fundamentales rígidos principios de moral y disciplina, en el infatigable esmero por el servicio, y en los estímulos de honor y valor que han sabido vincular en sus filas los guardias civiles, respondiendo a los inteligentes desvelos de sus Jefes y Oficiales”.
Sin embargo, poco más de dos meses después, presentó su dimisión para dicho cargo. Por real decreto del Ministerio de la Guerra, de 12 de octubre siguiente, la misma le fue inmediatamente admitida, quedando Isabel II, “muy satisfecha del celo, lealtad e inteligencia con que lo ha desempeñado”.
El hasta entonces presidente de gobierno, y ministro de la Guerra, capitán general Leopoldo O’Donnell Joris, había presentado igualmente su dimisión, siendo aceptada en la misma fecha por la reina, “quedando altamente satisfecha de sus distinguidos y extraordinarios servicios y del celo, inteligencia y lealtad con que ha desempeñado dichos cargos”.
Ese mismo 12 de octubre fueron nombrados, nuevamente como presidente del gobierno, el capitán general Ramón María Narváez Campos, así como ministro de la Guerra, el teniente general Antonio Urbistondo Eguía, que entonces era el capitán general de Andalucía.
Y en esa misma fecha, fue nombrado por segunda vez, como inspector general de la Guardia Civil, el teniente general Francisco Javier Girón Ezpeleta, II Duque de Ahumada. Suscribió este destino, “rubricado de la Real mano”, el ministro de Marina, teniente general Francisco de Lersundi Ormaechea, que por otro previo real decreto de igual fecha se había “encargado del Despacho del Ministerio de la Guerra”, por ausencia del nuevo titular.
Al día siguiente, 13 de octubre, el II Duque de Ahumada dirigió a todos los jefes provinciales de la Benemérita, cuyas unidades no se denominaban todavía “Comandancias”, la Circular núm. 101 de la Inspección General, ordenando que se trasladase a todos los comandantes de línea y puesto.
En primer lugar, agradeció su designación a la reina, afirmando en primera persona, que, “he recibido en este nombramiento una alta recompensa que en mi ya larga carrera haya podido prestar, teniendo la mayor satisfacción en verme otra vez a la cabeza del Cuerpo que he organizado, y en el que conozco a todos sus individuos y de todos soy conocido”.
Seguidamente daba las gracias a toda la Benemérita, “cuyos hechos en todas partes he seguido con el cariñoso interés de un padre, por su leal, bizarro y humanitario comportamiento en todas las circunstancias que en el tiempo que he estado separado de él ha ocurrido en el país”.
A continuación, exponía que como, “en la cartilla del Cuerpo para los guardias y en las numerosas circulares para los Comandantes de provincia, línea y puesto, todo está prevenido, nada tengo que advertir de nuevo a todos en general y cada uno en particular, sino el exacto cumplimiento de cuanto está mandado, con la satisfacción de que su puntual observancia ha llevado el Cuerpo al estado de brillantez en que está”.
Finalizaba dicha circular autorizando el II Duque de Ahumada a los mentados jefes de provincia, para manifestar cuanto se creyese conveniente, “en bien de sus subordinados y del servicio”.
Dos semanas antes, en El Mentor del Guardia Civil núm. 57, de 1º de octubre de 1856, se publicaba en la sección dedicada a las noticias de servicios, el protagonizado por el comandante del puesto de Algeciras, cabo 1º Pedro Martínez Díaz, así como por los guardias civiles José Torres Martín y Antonio Espías. Concretamente, el 1º de septiembre anterior habían procedido a la detención de un desertor procedente del presidio de Melilla, siendo puesto a disposición de la autoridad competente. Seguidamente se relataba que ese mismo día, dicho cabo 1º y el guardia civil Ramiro Fernández, habían detenido a “un criminal que había cometido un robo”. De la práctica de ambos servicios, “se ha enterado S.E. con satisfacción”, tratándose todavía del inspector general, teniente general Mac-Crohon.
Estando ya el II Duque de Ahumada nombrado como inspector general de la Benemérita, El Mentor del Guardia Civil núm. 59, de 16 de octubre siguiente, publicó no sólo su nombramiento sino también el real decreto, fechado igualmente cuatro días antes, donde Isabel II aceptaba la dimisión, como presidente del consejo de ministros, presentada por el capitán general Leopoldo O’Donnell, así como el real decreto en el que nombraba en su lugar al capitán general Ramón María Narváez.
Y, entre otras muchas cosas, en dicho número se publicó que, por el mentado comandante del puesto de Algeciras, se había capturado el 27 de septiembre, “un criminal desertor del presidio de Granada, quedando a disposición de la autoridad competente, de cuyo servicio se ha enterado S.E. con satisfacción”.
Por otra parte, El Mentor del Guardia Civil núm. 73, de 1º de febrero de 1857, publicó la situación de los cuadros de mando de las cuatro provincias del Tercer Tercio (Sevilla), según la revista de 1º de enero de dicho año, que mandaba entonces el coronel de caballería José Fernández de Terán. Entre ellas se detallaba el despliegue de la Benemérita en la provincia de Cádiz.
Como comandante de ésta, se citaba al coronel graduado, primer capitán de Infantería Benito Artalejo Garrido. Respecto a la situación de los comandantes de las siete líneas existentes entonces (Jerez, Grazalema, Villamartín, Medina, Vejer, San Roque y Cádiz), se detallaban los puestos que componían cada una, haciendo constar que en total eran 229 hombres de Infantería y 43 de Caballería.
La Sección de San Roque, estaba entonces, accidentalmente, a cargo del sargento 2º de Infantería Tomás García Duque, teniendo a su cargo los puestos de “San Roque, Algeciras, Línea, Barrios y Gimena”, mientras que la Sección de Vejer, que mandaba el teniente de Infantería Francisco Jiménez Bueno, estaba compuesta por los puestos de “Vejer, Tarifa y Facinas”.
Jesús Núñez Calvo
Coronel de la Guardia Civil (R) y doctor en Historia








































































