
La Guardia Civil publicó en 1857 su escalafón oficial mediante una imprenta madrileña vinculada a la educación especial. Los guardias civiles de Algeciras capturaron a un asesino y recibieron el reconocimiento del inspector
El “Escalafón General de Antigüedad de los Señores Jefes y Oficiales en 1º de enero de 1857”, del benemérito cuerpo de la Guardia Civil, fue impreso excepcionalmente ese año en la Imprenta del Colegio de Sordo-Mudos y Ciegos, que estaba establecido en Madrid.
Dicho centro escolar tuvo sus inicios en 1802, a cargo de la Real Sociedad Económica Matritense de los Amigos del País. Comenzado el año 1805 se inició oficialmente en España la educación de un reducido número de sordomudos, si bien el estallido de la Guerra de la Independencia (1808-1814) provocó la paralización de tan encomiable y meritoria labor pedagógica.
Tras no pocas y desgraciadas vicisitudes de toda clase, dicha situación comenzó a mejorar a partir de 1836, creándose seis años después, también con gran esfuerzo y sacrificio, el Colegio de Ciegos, además del ya existente Colegio Nacional de Sordomudos. Sin dejar de padecerse sucesivas incidencias, se dispuso en 1852 la fusión de ambos centros de enseñanza. Estos pasaron a depender del gobierno de la nación, denominándose Real Colegio de Sordomudos y de Ciegos, que se convirtió en un centro de instrucción pública del Ministerio de Fomento.
Anteriormente dicho Escalafón del benemérito Instituto se editaba en la Imprenta de D. Victoriano Hernando, sita en la calle del Arenal núm. 11, pasando en 1858 a confeccionarse en la Imprenta de José Vallejo, ubicada en la calle de la Flor Baja núm. 26, cuarto principal, ambas en la capital madrileña.
Al frente de ese Escalafón de 1857 figuraba nuevamente, en su segundo periodo de inspector general de la Guardia Civil, nombrado esta vez por real decreto de 12 de octubre de 1856, "el Excmo. Sr. teniente general D. Javier Girón Ezpeleta, Las Casas y Enrile; Duque de Ahumada, grande de España de primera clase, gentil-hombre de cámara de S.M. con ejercicio, caballero gran cruz de la real y distinguida orden española de Carlos III, de la americana de Isabel la Católica, y de la primera y tercera clase de las militares de S. Fernando y de la de S. Hermenegildo, y gran oficial de la orden real de la Legión de honor de Francia”.
Conforme se exponía seguidamente en el mentado Escalafón, la Benemérita contaba en 1857 con 8 coroneles y 6 tenientes coroneles; 65 primeros capitanes, de la clase de primeros y segundos comandantes de ambas armas (Infantería y Caballería), 8 de los cuales desempeñaban el cargo de segundos jefes de Tercio, y 10 de esos primeros capitanes mandaban los escuadrones de Caballería. Además, la plantilla de oficiales estaba completada por 51 segundos capitanes de Infantería y 11 de Caballería, así como 157 tenientes de Infantería y 35 de Caballería, más 49 subtenientes de Infantería y 29 alféreces de Caballería.
La fuerza de tropa, pues hay que recordar que entonces no existía todavía la clase de suboficiales, era de 10.000 efectivos, de los que 8.600 eran de Infantería y 1.400 de Caballería. La Guardia Civil contaba con una plantilla de 1.300 caballos. Respecto a su distribución orgánica, además de su inspección general, se hallaba distribuida en 13 tercios, que correspondían a cada una de las capitanías generales del Ejército entonces existentes en la Península e islas Baleares. En cada provincia estaba desplegada una compañía de Infantería y la fuerza de Caballería que en cada momento se estimaba oportuna, en función de las necesidades del servicio.
Respecto a los cuadros de mando, el jefe del Tercer Tercio, con cabecera en Sevilla, y que comprendía las provincias de Cádiz, Córdoba, Huelva y Sevilla, era entonces el coronel de Caballería José Fernández de Terán. El jefe de la Benemérita en la provincia de Cádiz, que todavía no había adoptado la denominación de “Comandancia”, y que estaba al frente de la 3ª Compañía de dicho Tercio, era el segundo comandante de Infantería Benito Artalejo Garrido. Éste tenía entonces concedido el grado de coronel y la cabecera de su unidad se encontraba establecida en la capital gaditana. El segundo jefe de la Guardia Civil en dicha provincia era el segundo capitán de Infantería Julián Cantero Ortega, jefe de la línea de Jerez de la Frontera.
Al frente de la línea de San Roque se hallaba el teniente de Infantería Ricardo Rada Martínez (grado de capitán del Ejército), continuando también allí mismo, al frente de una sección de Caballería, destacada desde enero de 1845 en la provincia gaditana, el ya citado, en numerosas ocasiones anteriores, teniente Juan Morillas Casas (empleo de capitán del Ejército), si bien encuadrado ya en el Primer Escuadrón del mentado Tercer Tercio (Sevilla).
Los otros tenientes de Infantería de la Guardia Civil que figuraban destinados en la provincia gaditana, en el mentado Escalafón de 1857, eran Antonio Iboleón Cruz (empleo de capitán del Ejército) como jefe de la línea de Grazalema, Antonio Menchaca Mateos (empleo de capitán del Ejército) como jefe de la línea de Medina Sidonia, y Francisco Jiménez Bueno (grado de capitán del Ejército) como jefe de la línea de Vejer de la Frontera, de la que dependían los puestos campogibraltareños de Tarifa y Facinas.
Por último, respecto a los empleos más modernos entonces de la oficialidad, estaba como subteniente de Infantería, Nicolás Madero Jiménez, en la capital gaditana, así como el alférez de Caballería Francisco Alcocer Gómez, jefe de la Línea de Villamartín, encuadrado también en el citado Primer Escuadrón del Tercer Tercio, cuya cabecera estaba ubicada en la capital hispalense.
Centrándonos ya en el puesto de la Guardia Civil en Algeciras, merece singular atención lo publicado en el núm. 92 de “El Mentor del Guardia Civil”, correspondiente al 1º de julio de 1857. Se daba cuenta de dos asesinatos producidos en dicha ciudad, en la noche del 27 de mayo. El comandante de dicho puesto, cabo 1º Martínez Díaz, tan pronto tuvo conocimiento del crimen, “salió con la fuerza de su mando para averiguar quiénes fuesen los autores y verificar su captura, dando el resultado de ser aprehendido uno de los asesinos por los guardias Ramiro Fernández y Lucas Fernández, poniéndole a disposición de la autoridad competente.”
Terminaba la reseña haciéndose constar que el inspector general del Cuerpo, II Duque de Ahumada, “se ha enterado con aprecio de este buen servicio”
Jesús N. Núñez Calvo
Coronel de la Guardia Civil (R) y doctor en Historia








































































