icono FACEBBOK icono TWITTER icono TWITTER icono YOUTUBE icono CARTAS AL DIRECTOR icono_INSTAGRAM.jpg icono DIRECCION icono DIRECCION

cabeceratribunabenemerita

ab08a086 6ac2 40de b463 3c5f06b1d38b 4559b

No es la primera vez que la Guardia Civil demuestra que su vocación va mucho más allá del uniforme. Ayer, agentes del Servicio Marítimo Provincial de Huelva volvieron a encarnar el espíritu que define a la Benemérita: estar presente cuando más se necesita, aunque el dolor propio sea inmenso.

Horas antes, varios de estos guardias civiles se habían desplazado hasta el Hospital de Jerez para visitar y arropar a sus compañeros heridos en el fatídico operativo contra el narcotráfico ocurrido el pasado 8 de mayo en Huelva, en el que dos agentes perdieron la vida.

El ambiente era de duelo contenido, de solidaridad entre hermanos, compañeros, amigos de armas y de un dolor que aún está muy fresco.

De regreso, sobre las 16:00 horas, el grupo decidió detenerse a almorzar en la Venta “El Cepo”, situada en la carretera A-2078 en El Puerto de Santa María (Cádiz). Lo que debía ser un momento de pausa tras una visita cargada de emoción se convirtió, de repente, en una nueva misión.

Un trabajador del establecimiento alertó urgentemente a los agentes: una clienta de 26 años se había quedado inconsciente. Sin dudarlo un instante, los guardias civiles, se volcaron sobre la joven. Aplicaron de inmediato maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP) con profesionalidad y serenidad, logrando que recuperara la consciencia.

Paralelamente, activaron los servicios de emergencias sanitarias para garantizar una atención continuada.

El carácter humanitario que define a la Institución

Este suceso no es anecdótico. Habla del ADN de la Guardia Civil. En medio del luto por dos compañeros caídos, con el corazón aún encogido por la pérdida, estos agentes no dudaron en responder a la llamada de auxilio de una ciudadana desconocida. No estaban de servicio. No era su turno. Pero eran guardias civiles. Y eso, para ellos, es suficiente.

La Benemérita se forja, precisamente, en estos gestos. En esa disposición permanente al servicio de la sociedad, en la capacidad de anteponer la vida de cualquier persona al propio cansancio o al propio dolor.

Es lo que la sociedad española reconoce y valora: una institución cercana, humana y eficaz, que no solo persigue el delito, sino que protege la vida en todas sus formas y circunstancias.

La joven, afortunadamente, se recupera. Y con ella, una vez más, se reafirma el compromiso de la Guardia Civil con los ciudadanos. Porque cuando todo parece oscuro —tras perder a dos de los suyos—, aún hay sitio para salvar una vida más.

Esa es la Guardia Civil, nuestra Guardia Civil. La que acude. La que auxilia. La que nunca se retira.

Incluso con el corazón roto.