
El mariscal de campo José Mac-Crohon Blake, que hasta entonces desempeñaba el cargo de subsecretario del Ministerio de la Guerra, relevó el teniente general Facundo Infante Chávez, ferviente defensor de la Benemérita
Sin restar mérito alguno al periódico Guía del Guardia Civil, que se había venido editando y difundiendo por toda España cada diez días, desde el 1º de octubre de 1850 hasta el 20 de julio de 1855 inclusive, con un total de 317 números, hay que resaltar también la relevancia que tuvo su sucesor.
Es cierto que la idea que se tuvo desde este último, según se publicó entonces por éste, era que se editaran y compitieran por lo tanto ambos periódicos. Pero como ya se expuso en su momento, ello no fue posible. El Guía del Guardia Civil desapareció, circunstancia que no ocurrió con El Guía del Carabinero, que había comenzado a publicarse el 4 de enero de 1851 por el mismo editor.
A este respecto hay que mencionar, que si bien entonces, todavía no se había iniciado el periodo de publicaciones oficiales corporativas por las diferentes instituciones oficiales existentes, sí es cierto que toda la que realmente existiese, tenía un medio de publicación, inicialmente de titularidad privada, que no sólo publicaba toda la normativa legal que pudiera ser de interés para sus lectores, sino que, además difundía sus vicisitudes de toda clase. Hay que resaltar que la labor de dichos medios fue fecunda y magnífica, en general, y en muy buena parte terminaron dando lugar a publicaciones institucionales oficiales.
Tal fue el caso de El Mentor del Guardia Civil, que se fue publicando y difundiendo igualmente por toda España, pero ya cada ocho días. Concretamente fue a partir del 1º de agosto de 1855, hasta que tras finalizar su edición el 24 de julio de 1858, con un total de 143 números, comenzó el 1º de agosto siguiente, a publicarse el Boletín Oficial de la Guardia Civil. Inicialmente apareció también cada ocho días, el 1º, 8, 16 y 24 de cada mes, el cual continúa editándose actualmente.
Para acreditar la historia y trayectoria de una institución oficial es muy importante hacerlo con datos concretos, objetivos y solventes, y no con meras palabras que se adornen o iluminen, ya que simplemente pueden verse arrastradas o manipuladas por los intereses particulares de cada momento.
El puesto de la Guardia Civil de Algeciras detuvo a ladrones y prófugos tras varios robos y crímenes en 1856
Centrándonos ya en el término municipal de Algeciras y el puesto de la Guardia Civil que entonces velaba allí por la seguridad pública estatal, vale la pena recordar lo publicado en el núm. 33 de El Mentor del Guardia Civil, publicado el 1º de abril de 1856. Concretamente en la sección Servicios del Cuerpo, donde su extractaban los más relevantes de los que se tenía noticia.
Resultó que había sido robado en el camino de Algeciras a Medina-Sidonia, en la noche del 7 al 8 de marzo anterior, un vecino de dicha localidad. Llegada la noticia de dicho acto criminal al puesto de la Benemérita en Algeciras, su comandante de puesto, el cabo 1º Pedro Martínez, acompañado de los guardias civiles Eulogio Peláez, José Torres, Bartolomé Catalá y Juan Herrera, marchó inmediatamente al lugar del suceso y, “practicó las diligencias convenientes, dando el resultado de descubrir y aprehender a los ladrones, que fueron puestos a disposición de la autoridad”.
Por cierto, la labor de la Benemérita venía siendo tan apreciada y deseable de disfrutar para los españoles de la época que, en ese mismo número del periódico, entre otras muchas cosas, se afirmaba que: “Diariamente recibimos periódicos de provincias que con más o menos latitud y sin distinción de opiniones, se ocupan de los servicios prestados por la Guardia civil en las diferentes del reino, encomiándolos y reclamando el aumento de fuerza del Cuerpo”. La Benemérita hacía ya mucho tiempo que se había convertido en una auténtica e imprescindible necesidad para garantizar la seguridad pública española.
Entonces el inspector general de la Guardia Civil era todavía el teniente general Facundo Infante Chávez, quien había compaginado en buena parte tan importante cargo con el de presidente de las Cortes constituyentes. Ocupando esta última responsabilidad en dicha sede parlamentaria, tuvo que realizar en ocasiones una enfervorizada defensa de la Benemérita, sin que lamentablemente nunca haya sido debidamente reconocida esa magnífica labor de quien entonces se encontraba a su frente. A este respecto hay que significar que rebatió arduamente a diputados del propio partido gobernante que demandaban la disolución de la Guardia Civil. Al igual que había sucedido en anteriores épocas con instituciones de seguridad pública ya desaparecidas, deseaban su fin cuando cambiaba el signo político del gobierno.
Finalmente, el 16 de julio de ese mismo año, cuando ya no se encontraba al frente de las Cortes, presentó su renuncia al cargo de inspector general de la Benemérita, siendo aprobada tres días más tarde por real decreto del Ministerio de la Guerra. En su lugar fue nombrado, por real decreto de 1º de agosto siguiente, el mariscal de campo José Mac-Crohon Blake, que hasta entonces desempeñaba el cargo de subsecretario del Ministerio de la Guerra.
Fue precisamente en esa misma fecha, cuando el núm. 49 de El Mentor del Guardia Civil publicó dos relevantes servicios practicados por fuerza del puesto de Algeciras. En primer lugar, fue la detención, los días 1 y 3 de junio, de seis individuos, cinco de ellos “reos prófugos”, por el robo de ganado caballar. Los presuntos autores, “fueron capturados en el interior y afueras de la ciudad por el cabo 1º Pedro Martínez Díaz y los guardias José Torres Martín y Eulogio Peláez Fernández”. El segundo servicio reseñado en dicho periódico fue la detención por el mentado cabo 1º Martínez, auxiliado por los guardias civiles Dionisio Osaeta Vallejo, Antonio Espías y José Vázquez, de “dos criminales autores de una muerte”. En ambos casos, tras ser puestos los presuntos autores a disposición de la autoridad competente, merecieron “las gracias del Excmo. Sr. Inspector general del Cuerpo”.
Apenas una semana después, el núm. 50 de El Mentor del Guardia Civil, de fecha 8 de agosto, publicaba que el reiterado cabo 1º Martínez, junto a los ya citados guardias civiles Osaeta y Torres, habían procedido el 19 de julio anterior, a la detención de un criminal, siendo puesto a disposición de la autoridad correspondiente. Igualmente se continuaba expresando en el párrafo siguiente, que dicho cabo 1º, junto a los igualmente mentados guardias civiles Peláez y Torres, habían detenido, “un reo prófugo perteneciente al reemplazo de 1849”
Coronel de la Guardia Civil (R) y doctor en Historia








































































