
Hay una historia que muchos de nosotros conocemos, es la del Sacristan de Notre Damme de Paris.
Hoy la traemos a las páginas de Tribuna Benemérita, para quienes no la hayan oido, lo que es cierto es que si hay una capital europea en la que las ideas, las costumbres y la cultura en general se encuentran en perpetua ebullición, y donde incluso podemos ver a un guardia civil cuidando su catedral, esa capital es isn duda París.
Por eso, tienen razón quienes afirman que para estar al día de lo que en cada momento se cuece en el mundo, “pour être à la page” ( estar a la última…) hay que acercarse de vez en cuando a las orillas del Sena. Y por eso también, cada viaje a París es una caja de sorpresas.
A veces, el encuentro con lo inesperado, el asombro de la novedad o el tropiezo con lo increíble, se producen no en el escenario de un espectáculo deslumbrante, ni en sus calles con sus tiendas y escaparates o exposiciones, sino que aparece en el trajín de lo cotidiano.
Este es el caso. Un suceso del que fuimos testigo y puede encuadrarse en el marco de lo anecdótico, y lo curioso, y fácilmente comprobable aprovechando una visita a la “Ciudad de la Luz”.
Esta es la historia del sacristan de Notre Damme que realiza su trabajo vistiendo el uniforme de nuestra Guardia Civil:
"Era domingo y en París, hacía una fresca y bonita mañana, paseando a Notre Dame. Y brota la sorpresa. Es mayúscula. Un joven guardia civil se mueve con soltura en el entorno del altar mayor organizando la próxima misa.
Tu extrañeza se convierte en pasmo cuando al acercarte a hablar con este joven serio te dice que es oriundo de Huesca, ferviente devoto de la Virgen del Pilar y apasionado admirador de la Guardia Civil, y ostenta el cargo de sacristán mayor. Parece inaudito.
Nieto de un exiliado español, natural de Huesca, Stephan Urbaín nació q finales de los sesenta en un pueblecito cercano a Tarbes, a escasos kilómetros de la frontera con España. Terminó Ciencias Químicas en la Universidad de Toulouse. Desde niño, se sintió atraído por los temas religiosos. Su afición fue adquiriendo rigor y solidez científica gracias al contacto con personas e instituciones de prestigio. Esa formación la completaba ejerciendo de monaguillo en la catedral de Tarbes a la vez que perfeccionaba sus conocimientos de idiomas, llegando a hablar correctamente francés, español, italiano, alemán e inglés. Tenemos a un Srephan políglota, científico y fascinado por el culto católico.
Terminada su carrera se traslada a Paris en busca de trabajo Todos los días visita Notre Dame, conoce a las gentes que colaboran en el culto, trata con los sacerdotes y canónigos del templo y, sobre todo, queda impresionado por el esplendor y la hermosura del ceremonial catedralicio y siente que “su” lugar es ese.
Un buen día, solicitaron su concurso para que supliera una ausencia. Fue tal su entrega, celo y ejemplaridad que causó la admiración de sus superiores.
Ese joven, culto, profundamente religioso, exquisito en el trato con lo sagrado, que se excedía generosamente en el cumplimiento de sus deberes, fue nombrado vigilante estable, cargo que ejerció durante seis años
Quedó vacante la plaza de Sacristán General, la elección no era dudosa y Stephan Urbaín fue elegido.
Con seis personas a su cargo, y funciones van desde el correcto desarrollo del culto, el cuidado de ornamentos, y libros de la sacristía, hasta la acogida de sacerdotes que, de todas las partes del mundo, se acercan a celebrar misa en Notre Dame, pasando por buen funcionamiento de las campanas.
Dudo de que haya en Francia un laico con más autoridad sobre un lugar sagrado.
Nos contó un sucedido que le puso en importante aprieto. Fue un domingo de Pascua. En ese día el alegre sonido de las campanas tenía que anunciar la resurrección de Cristo Pero aquella mañana se había estropeado el sistema mecánico de volteo. Llamado con urgencia Sephan acude a la catedral. La orden del Arcipreste es tajante: “Usted verá lo que hace, pero es impensable que las campanas de la catedral de París no suenen en el día de Pascua”.
Y sonaron. Después de mil maniobras inútiles para reparar la avería y, sin posibilidad de contar con operarios en esa fecha festiva tan señalada, un numeroso grupo de jóvenes australianos que, como turistas, subieron a la torre, se unieron al Sacristán General y bandearon todas las campanas, incluida la llamada “Emmanuel”, con sus 16 toneladas de peso (solo el badajo nos dijo que pesaba 500 kilos). Al bajar de la torre, toda la clerecía, empezando por el Arzobispo Cardenal, se hacía lenguas de la proeza de Stephan, cuya estima y consideración ante sus superiores creció todavía más.
Pero Stephan Urbaín tiene otros dos amores:
- la Guardia Civil y
- la Virgen del Pilar,
Sin que se decida él mismo a establecer un orden de jerarquía en sus tres pasiones.

En la fotografía Stephan Urbaín, viste el uniforme de la Guardia Civil en el ejercicio de sus funciones. Es el sacristán mayor de la catedral más importante de Francia, y gran devoto de la Virgen del Pilar.
Con frecuencia desde Tarbes atravesaba con familiares y amigos la frontera con España. En Bielsa vio por primera vez a la Guardia Civil. Iba asiduamente al cuartel y conversaba con los agentes que le impresionaron hondamente por todo: por las dificultades de su misión, por la sencillez y austeridad de sus viviendas, por el coraje que mostraban al relatar su trabajo diario, por su sentido de la disciplina y hasta por sus diversos atuendos.
Aquellas incursiones en territorio oscense y el frecuente e intenso trato con los guardias y sus familias le marcaron profundamente, hasta tal punto que pensó que el Sacristán Mayor de Notre Dame bien podía vestir el uniforme de la Guardia Civil en el ejercicio de su oficio. No le fue fácil conseguir el cambio de la túnica azul claro que portan todos los servidores de la catedral y que él mismo vistió con anterioridad.
En principio, se lo toleraron, pero, al final, se lo permitieron. Reconocían el trabajo bien hecho, su admirable celo por el culto divino, su dedicación y su competencia
Hay que ver su cara de satisfacción y orgullo cuando se cala el tricornio
el capote y los complementos. Cuando sale al altar, lleva el uniforme ordinario y luce en la camisa el escudo de Notre Dame, único elemento que le identifica como empleado del templo.
Destaca en su piedad personal una entrañable devoción a la Virgen del Pilar. No ha estado nunca en Zaragoza, pero conoce muy bien la historia, y la tradición de nuestra patrona
Nos contaba que los 12 de octubre, pone en un altar lateral una foto de la Virgen del Pilar ( la de la fotografía) sobre una bandera española rodeada de flores. Es su pequeña ofrenda.
La imagen de Notre Dame de París se encuentra, sobre un pilar, junto a la columna derecha que da entrada al espacio del presbiterio y del coro. Es del sigloXIV. Pues bien, desde hace solo un par de años, hay un cartel colocado al pié de esa imagen de piedra con una inscripción francesa que, traducida al español, dice lo siguiente:
“Nuestra Señora de París, llamada también Virgen del Pilar”.
Esta, como ves, es una de esas historias sorprendentes y encantadoras que siempre reserva París a quienes gustan disfrutar no solo de sus tesoros y arte acumulado a lo largo de los siglos, sino también a cuantos se entretienen en descubrir el misterio que encierran las calles, las casas, las gentes y hasta el mismo aire de esa ciudad única en el mundo.
Si tienes oportunidad no dejes de saludarlo.










































































