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Servicio del puesto de Algeciras en la detención de un ladrón ('Guía del Guardia Civil', 20-01-1855).

El gobierno promovió a O'Donnell y reorganizó mandos militares mientras la Guardia Civil afrontaba críticas por inseguridad en caminos públicos. La institución defendió su prestigio, recibió mandos y ejecutó servicios destacados en Algeciras, incluyendo la detención de un peligroso delincuente

Por real decreto de 30 de julio de 1854, “tomando en consideración los muchos méritos y servicios”, del teniente general Leopoldo O’Donnell Joris, fue promovido a “Capitán general de los ejércitos nacionales”. Era entonces presidente del consejo de ministros, el capitán general Joaquín Baldomero Fernández-Espartero Álvarez de Toro, que había sido nombrado tras la dimisión, aceptada el día 19, de Ángel Ramírez de Saavedra Rodríguez de Baquedano, curioso personaje militar, diplomático, literato y poeta, que había sido ministro de la Gobernación y de Marina, siendo nombrado para desempeñar el cargo presidencial el día anterior. Por otro real decreto de citado 30 de julio, O’Donnell atendiendo fue nombrado ministro de la Guerra.

Seguidamente, por real decreto de 1º de agosto, publicado en la Gaceta de Madrid, el II Duque de Ahumada, teniente general Francisco Javier Girón Ezpeleta, cesaba por primera vez como inspector general de la Benemérita, tras una década al frente de la misma. Por otro real decreto de misma fecha fue nombrado para sustituirle el teniente general Facundo María Infante Chaves.

Dicho relevo también sería publicado el siguiente día 10, en el núm. 139 del Guía del Guardia Civil. Igualmente se reprodujo en dicho periódico la real orden del Ministerio de la Guerra, de 2 de agosto, donde se disponía que interín tomase posesión el nuevo inspector general, “se encargue del despacho de los negocios; de la Inspección general del Cuerpo de la Guardia civil”, el brigadier Antonio María de Alós López de Haro, destinado entonces en la misma.

En dicho periódico y fecha se reproducía un artículo publicado el 8 de agosto en el diario La Nación: “Una cosa nos atrevemos a recomendar con el mayor encarecimiento al señor Ministro de la Gobernación. Se trata de la seguridad pública. Por efecto de las disposiciones tomadas para reconcentrar en las capitales las fuerzas de la Guardia civil, guardas de montes y peones camineros, han quedado los caminos abandonados; y los rateros, aprovechándose de la confusión y de la impunidad que les asegura la falta de vigilancia, cometen a mansalva robos y otros desmanes”.

Ello no fue una queja aislada sino que seguidamente se hacía referencia a otros periódicos, llamando la atención de las autoridades, pidiendo que la Benemérita, “vuelva a cubrir sus puestos; y si el nuevo Inspector general ha de dar los resultados que dio su antecesor, preciso es que lejos de desprestigiarse la institución que tanto ha costado plantear, se le de ese poder moral, tan necesario a todos los ciudadanos, porque en obsequio de todos se emplea”.

El núm. 141 del Guía del Guardia Civil, correspondiente al 1º de septiembre de 1854, comenzaba informando que el 22 de agosto anterior había tomado ya posesión de su nuevo mando el citado teniente general Facundo Infante. Anterior capitán general de las Islas Baleares, “conocido es por todos los partidos, por todos los hombres, y por consiguiente su nombre solo es una garantía suficiente para la Institución”.

Dado que la situación del cambio político producido, había alterado en algunas poblaciones la normalidad de la convivencia ciudadana, cuestionando incluso a la propia Benemérita, siempre leal al poder legalmente constituido, tuvo que dictarse cuatro días más tarde, por la Subsecretaría del Ministerio de la Gobernación, una extensa circular dirigida por real orden a los gobernadores civiles de provincia que comenzaba así: “La Guardia civil, cuyo único y saludable instituto es el de garantir los intereses de los ciudadanos, cuidando de la tranquilidad de las poblaciones y velando por la seguridad de los caminos, ha prestado constantemente, desde el día de su fundación, apreciables y señalados servicios, que unidos a su disciplina, moralidad y excelente comportamiento, la han hecho superior a todas las prevenciones, conquistando la consideración y simpatías del país”.

Dicha circular, tras hacer una firme defensa institucional de la Benemérita, finalizaba dando instrucciones concretas a los gobernadores civiles, para que, “en uso de su autoridad reprima toda especie de atentado que se cometa contra los individuos de este Cuerpo, y en caso necesario, y habiendo méritos bastantes, ponga a sus autores a disposición de los tribunales de justicia”.

Al mes siguiente, en el núm. 146 del Guía del Guardia Civil, correspondiente al 20 de octubre de 1854, se informó del cambio, por reales órdenes de 24 de septiembre anterior, que se había dispuesto que los brigadieres jefes de los Tercios 2º (Barcelona), Luis María Serrano del Castillo Arango, y 3º (Sevilla) Carlos Purgoldt de Lowenhardt, permutasen en sus destinos respectivos. Esta última unidad tenía a su cargo la Benemérita desplegada en las provincias de Cádiz, Córdoba, Huelva y Sevilla.

Sin embargo, el mentado brigadier Serrano del Castillo poco tiempo estuvo a su frente, ya que por real orden de 19 de diciembre siguiente, pasó “a las inmediatas órdenes del Excmo. Sr. Capitán general Gobernador de la isla de Cuba”.

Consecuentemente, en el núm. 154 del Guía del Guardia Civil, correspondiente al 10 de enero de 1855, se publicaba que, por real orden del primer día de dicho mes, se había dispuesto nombrar al “coronel efectivo del arma de caballería en situación de reemplazo don José Fernández de Terán”, como primer jefe del Tercer Tercio (Sevilla). Éste había tenido a su cargo, como teniente coronel, “el despacho de los negocios pertenecientes a la sección central de la Secretaría de la Inspección general del Cuerpo”, desde el 4 de febrero de 1848 hasta fin de 1854.

Al frente de la Guardia Civil de la provincia de Cádiz continuaba, al comienzo de 1855, el comandante Benito Artalejo Garrido y como oficial en el Campo de Gibraltar seguía el teniente Juan Morillas de Casas.

Centrados ya en Algeciras, hay que destacar que en el núm. 155 del Guía del Guardia Civil, correspondiente al 20 de enero siguiente, se publicaba un importante servicio que fue felicitado por el propio inspector general. El sargento Pedro Martínez, comandante de dicho puesto, había sido avisado el 27 de diciembre anterior, por el comandante de puesto de Los Barrios, de que, en Algeciras, “residía uno de los ladrones que con otros dos armados habían perpetrado varios robos en aquel término”. Practicadas, “las más reservadas diligencias”, y auxiliado por el guardia civil José Marzá, consiguió a la mañana siguiente detener al criminal, resultando que éste había desertado en 1849 del presidio del canal de Castilla.

Jesús Núñez Calvo
Coronel de la Guardia Civil (R) y doctor en Historia