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Han pasado ya seis años desde mi jubilación, pero sigo cada día la actualidad de la Guardia Civil con el mismo interés y orgullo que cuando vestía el uniforme.

Los medios de comunicación continúan alimentando ese sentimiento de pertenencia hacia quienes sigo considerando mis compañeros. Y, de entre todas las noticias, hay algunas que me tocan especialmente: aquellas que muestran el trabajo formativo que la Guardia Civil realiza en los centros educativos.

La reciente información publicada sobre las charlas impartidas en un colegio de Pastoriza de Arteixo (A Coruña) en el marco del Plan Director para la convivencia y mejora de la seguridad en los centros educativos y sus entornos me emocionó de manera particular. Conozco de primera mano el esfuerzo, la dedicación y la ilusión que los formadores de la Guardia Civil depositan en cada sesión. No se trata solo de transmitir conocimientos: se trata de sembrar valores. De enseñar a los jóvenes que el respeto, la igualdad y la dignidad no son conceptos abstractos, sino pilares que sostienen una convivencia sana.

Un plan que nació para quedarse

El Plan Director, que vio la luz en 2013 heredando los principios de un acuerdo marco f irmado una década antes entre los ministerios de Interior y Educación, ha demostrado ser mucho más que un programa institucional. Es una herramienta viva, útil y profundamente necesaria. Su impacto se percibe en los alumnos, pero también en las familias y en los docentes, que encuentran en la Guardia Civil un aliado para afrontar retos tan complejos como el acoso escolar, el uso seguro de internet o la prevención de conductas de riesgo, entre otros.

Recuerdo un titular de prensa de 2017 que, sin pretenderlo, resumía a la perfección el espíritu de este trabajo: “Lecciones de vida de ‘profes’ uniformados”. Pocas veces un periódico ha acertado tanto. Porque eso es exactamente lo que son estos compañeros cuando entran en un aula: profesores de vida. Personas que hablan desde la experiencia, desde la cercanía y desde una autoridad que no se impone, sino que se gana.

La prevención como vocación

En una reunión de coordinación escuché una reflexión que nunca he olvidado. Uno de los formadores comparaba la labor preventiva de las charlas en los colegios con la función disuasoria de una pareja de la Guardia Civil situada en una rotonda: su presencia no resuelve por sí sola todos los problemas, pero contribuye decisivamente a evitar que surjan o se agraven. Esa imagen, tan sencilla como poderosa, resume a la perfección el espíritu de estas intervenciones educativas, basadas en la cercanía, la orientación y la anticipación antes de que aparezca el conflicto.

Ese mismo espíritu se refleja en un lema que muchos formadores han hecho suyo: “No seremos la solución, pero ayudamos a conseguirla”. Una declaración de humildad y compromiso que define a la perfección la vocación de servicio de la Guardia Civil.

Un trabajo que merece ser reconocido

En tiempos en los que la sociedad reclama instituciones cercanas, útiles y humanas, la labor de la Guardia Civil en los centros educativos es un ejemplo de cómo la seguridad puede construirse desde la educación y el acompañamiento. No se trata solo de prevenir delitos, sino de formar ciudadanos más libres, más responsables y más conscientes.

Por eso, como guardia civil jubilado, pero guardia civil para siempre, quiero poner en valor este trabajo silencioso, constante y profundamente transformador. Porque detrás de cada charla, de cada conversación con un alumno, de cada gesto de apoyo a un profesor o a una familia, hay una semilla que puede cambiar una vida.

Y pocas cosas hay más valiosas que eso.

JOSE MANUEL CORRAL PEON
Comandante (r) Guardia Civil