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Tras la decisión del Gobierno español de intentar sacar a la banda asesina y terrorista ETA de la lista de organizaciones terroristas de la Unión Europea, desde Tribuna Benemérita queremos denunciar este hecho

En primer lugar, impulsado por mi compromiso personal como guardia civil, pero también como director de Tribuna Benemérita por el compromiso inquebrantable con la verdad, la justicia y la memoria de las víctimas de la banda terrorista ETA y en defensa de todas las víctimas del terrorismo que desde este diario digital asumimos.

Hoy, por dignidad y en defensa de las víctimas de los carniceros etarras, no podemos permanecer en silencio frente a lo que consideramos una afrenta intolerable a la memoria de quienes dieron su vida frente a los terroristas para salvaguardar nuestra seguridad, nuestra libertad y, sí, también nuestra democracia: el pacto alcanzado con EH Bildu para retirar a ETA de la lista de organizaciones terroristas de la Unión Europea.

Esta medida no es más que un insulto profundo a nuestra historia colectiva, una afrenta a las víctimas de ETA y una capitulación vergonzosa ante los herederos del terror.

Ni siquiera nos preguntamos ¿cómo hemos llegado a este punto? No nos interesa. Lo único que sabemos es el sacrificio extremo de promociones y generaciones enteras de guardias civiles que velaron por nosotros y que en muchos casos dieron su vida por toda la sociedad en su conjunto, también tenemos claro quienes traicionan este sacrificio extremo y que hoy han decidido plegarse ante los terroristas.

Un Gobierno debería velar por la seguridad de la sociedad y honrar a quienes sufrieron y dieron su vida por defender la democracia, y no sustituir la justicia por la mentira, y el blanqueo de los verdugos por la humillación de las víctimas.

Permítanos que desde nuestra ignorancia pensemos que este acuerdo, está forjado en las sombras de la conveniencia política, y que lo único que pretende es banalizar décadas de sufrimiento e imponer un relato falaz que pretende transformar a asesinos en "hombres de paz", y permítanos que pensemos que este acuerdo y esta decisión no es más que una traición a las víctimas del terrorismo y a la sociedad civil, que sabe de verdad quiénes acabaron con ETA.

Podemos recordar los hechos crudos e incontestables, que este acuerdo con los herederos de los terroristas pretende ignorar deliberadamente. ETA es una banda asesina y terrorista que sembró el pánico en España durante más de cinco décadas, que es responsable de 853 asesinatos, la mayoría perpetrados tras la restauración de la democracia en 1978.

Entre las víctimas mortales figuran servidores públicos, como los 209 guardias civiles, 149 policías nacionales y aproximadamente 100 militares asesinados, quienes pagaron con su vida la defensa de la libertad y el orden constitucional.

Sabemos que la política a veces tiende a veces a olvidarse de lo esencial y de lo importante, por ejemplo más de 300 de estos asesinatos se cometieron después de 1986, cuando España ya era miembro de la Unión Europea.

Son datos, no se trata de un pasado remoto: son 853 vidas arrebatadas, miles de heridos y un reguero de dolor que aún sangra en familias y comunidades enteras, asesinatos perpetrados por los terroristas mayoritariamente durante nuestra democracia.

A esto se suman más de 350 asesinatos sin resolver, en los que los miserables y cobardes miembros de ETA y su entorno nunca han colaborado para esclarecer la verdad, perpetuando así la impunidad de los asesinos y el dolor de las víctimas.

No olvidamos tampoco a los miles de desplazados, forzados a abandonar sus hogares en el País Vasco y otras regiones por amenazas, coacciones y extorsiones etarras, un éxodo silencioso que destrozó vidas, familias y tejidos sociales.

Entendemos que esta decisión culmina una banalización sistemática del terrorismo de ETA impulsada desde ciertos sectores políticos y mediáticos, donde se trivializa la violencia de la banda y su entorno, que aún hoy coacciona y amenaza, definiendo a los terroristas y a quienes les apoyan bajo una supuesta superioridad moral, ignorando que ETA no dudó en asesinar a 21 niños inocentes. Sí, una superioridad moral, de la que deberían carecer y que el Gobierno no debería permitir de quienes exaltan la violencia como herramienta política.

Esta banalización no solo justifica el pasado, sino que permite homenajes a asesinos mientras se cancelan actos en recuerdo de las víctimas, se amenaza a quienes denuncian el terror y se impide el debate libre.

ETA, sus asesinos y quienes les apoyan, han encarnado y encarnan la esencia pura del fascismo, precisamente el fascismo del que ustedes se llenan la boca de combatir, ya que, según la definición de la Real Academia Española, el fascismo es autoritarismo, exaltación de la violencia y el terror, negación del pluralismo y persecución de disidentes.

Es fascismo quien acalla la libertad con el coche bomba y el tiro en la nuca, justifica a los asesinos, los exalta, los sienta a su mesa y los protege. El fascismo es ETA. También lo es intentar reescribir su historia, decidir qué delitos son execrables y cuáles no, o imponer como "hombres de paz" a quienes justifican el asesinato.

El Gobierno, al recurrir a pactos con herederos del terror, reemplaza la razón por la mentira y la justicia por la impunidad.

Durante años, hemos tenido que ver en tertulias televisivas a colaboradores que, sin argumentos sólidos, intentan convencernos de que los 50 años de terror no existieron, que Bildu no es ETA y que sus integrantes no son terroristas. Tomemos ejemplos concretos: Arnaldo Otegi, presentado como "hombre de paz", fue condenado por pertenencia a banda armada y por intentar reconstruir Batasuna bajo órdenes de ETA. O Mertxe Aizpurua, portavoz de Bildu en el Congreso, con la que el Gobierno negocia hoy el blanqueamiento final de ETA, que fue condenada en 1984 por apoyar el terrorismo desde el periódico Egin, donde se ponían dianas sobre ciudadanos inocentes para que ETA los asesinara.

Cualquier apoyo político o institucional a ETA, cualquier intento de blanqueo o banalización del mal, es un nuevo tiro en la nuca a las víctimas, ahora con el consentimiento de quienes más las debían defender. Hoy el Gobierno español pretende sacar a ETA de la lista de organizaciones terroristas en la que fue incluida en 2001, junto a otros grupos como GRAPO, IRA o Hamás.

Durante años, fue el Gobierno español quien pedía añadir más etarras a esa nómina. Ahora, es su propio Gobierno quien, junto a Bildu, busca borrar el rastro de los asesinos, tras promesas incumplidas de "no pactar nada" con ellos, sacrificando la memoria de las víctimas en el altar de la supervivencia política.

Los guardias civiles, policías nacionales, militares, civiles, niños, todos ellos inocentes, no merecen la imposición de un relato falaz y la banalización de una banda asesina. Las víctimas lo que merecen es justicia, no puñaladas traperas desde el entorno etarra con el beneplácito de nuestro Gobierno.

No olvidemos nunca que ETA fue derrotada por la acción policial y no por la negociación política, por mucho que algunos se quieran atribuir un éxito que no merecen. Una sociedad verdaderamente democrática no debería permitir pactos infames con quienes intentaron acabar con ella, ni debería sumir a las víctimas al olvido y a la humillación, porque, olvidar es morir dos veces, y España no debería rendirse ante el terror.

Posiblemente la historia y las generaciones futuras juzgarán a quienes hoy pretenden banalizar el terrorismo y a quienes hoy blanquean a ETA t a sus terroristas..

Por Antonio Mancera Cárdenas
Director-editor de TRIBUNA BENEMÉRITA
Guardia Civil retirado