
Aristóteles decía que «el ignorante afirma, el sabio duda y reflexiona», Sócrates aseguraba que «sólo hay un bien: el conocimiento. Sólo hay un mal: la ignorancia». Para ser más prosaico recordemos a Iriarte y sus fábulas y centrémonos en la del Oso, la Mona y el Cerdo y su moraleja: “Guarde para su regalo esta sentencia un autor: si el sabio no aprueba, malo; si el necio aplaude, peor”
Comienza el autor del artículo de opinión, para nada histórico y a quien se menciona en el blog denominado UNA HISTORIA DE LA POLICIA NACIONAL, como “nuestro buen amigo, compañero y “magnífico historiador””, no vamos a dar nombres, artículo referido al Bicentenario de la Policía Nacional, filosofando según él, y así he querido comenzar yo filosofando igualmente y filosofando vamos a continuar.
Recordando a Friedrich Nietzsche, hagámoslo “a martillazos”, como a lo largo del artículo parece hacer su autor, realizando una exposición y una defensa de lo que pretende ser el Bicentenario de la Policía Nacional, eliminando y cuestionando todo aquello que obstaculiza a este inspector de policía en el desarrollo de su exposición y poniendo en cuestión a todo aquel que discrepa del mismo. A “martillazos” con propios y extraños para dar verisimilitud a la falacia del Bicentenario.
Hagámoslo haciendo nuestra una de las máximas de Nietzsche, “Ni el más valiente de nosotros tiene rara vez la valentía de admitir lo que sabe”, ya que el autor y “magnífico historiador”, precisamente por serlo, me refiero a “magnífico”, lo de “historiador” a lo largo del artículo va decayendo por sí mismo, no tiene “la valentía de admitir” que sabe que aquello que defiende es precisamente eso, una falacia histórica.
Y ya que andamos filosofando recordemos a Marco Aurelio, que mantenía que “Si alguien me rebate y da pruebas de que pienso o actúo incorrectamente, con gusto cambiaré, pues busco la verdad, que nunca ha perjudicado a nadie. Por el contrario, el que sufre daño es el que permanece en su propio engaño e ignorancia.”, filosofemos pues para que quienes pretenden perpetuar una mentira, la del supuesto bicentenario de la Policía Nacional, no sufran el daño de permanecer en su propio engaño y en su propia ignorancia y lo más importante que no hagan caer en su engaño y en su ignorancia al resto de los humanos.
No se equivoca el autor del artículo, el inspector, “amigo, compañero y magnífico historiador”, cuando mantiene, refiriéndose a otros compañeros de Policía Nacional, que “Entre los admiradores de la Policía hay algunos que hacen buenos a nuestros enemigos, porque al final también el dicho de que no hay peor cuña que la de la misma madera sigue siendo, por desgracia, cierto”, algo que evidentemente es cierto, como cierto es que esta reflexión tiene recorrido de ida y vuelta, vamos, que igualmente sirve para quienes defienden la mentira, especialmente refiriéndose a ellos, ya que ni la Policía Nacional, valorada y reconocida hoy en día por la sociedad como una institución ejemplar, ni su historia, necesitan admiradores que intenten ennoblecerla dotándola de un recorrido histórico que no tiene, y de darle unos orígenes más que dudosos, que hace todo lo contrario de lo que se pretende, la envilece al poner como referente de nuestra Policía Nacional a una institución que fue abolida por “inútil y corrupta” en 1835, la Superintendencia General de Policía del Reino y en 1840, su rama de Policía Secreta por ser “germen de vicios, y aun de delitos”, pues la Policía Nacional ha hecho méritos más que suficientes para ennoblecerse como institución más allá de una fecha en concreto. Por cierto, imagino que los “enemigos” somos los del “cuerpo hermano”, a los que también se refiere en su artículo.
A lo largo de su artículo viene haciendo una serie de afirmaciones, sin aportar ni una sola prueba, ni un solo dato, sin citar ni una sola fuente y cuando lo hace, es para pedir que se realice “una revisión histórica y urgente”, por ejemplo cuando cita el Real Decreto de 4 de octubre de 1835, en el que se decreta la supresión de la Superintendencia General de Policía por “inútil” y el de 2 de noviembre de 1840, la supresión de la Policía Secreta, Real Decreto este último y para que quede constancia de otra de las mentiras vertidas por “nuestro amigo historiador” que mantiene que la Policía Secreta nunca existió y que textualmente dice: “para nada se necesita policía secreta, aun cuando esté perfectamente constituida y organizada, deseará sin duda extinguir este germen de vicios, y aun de delitos”, es decir, “amigo y compañero”, mientes en tú artículo ya que como queda demostrado, la Policía Secreta EXISTÍA, y estaba "perfectamente constituida y organizada" y fue abolida por ser “germen de vicios y de delitos”, por aportar más datos al historiador y autor del artículo en cuestión, este último decreto está firmado por Manuel Cortina, a la sazón, Ministro de la Gobernación entre octubre de 1840 y mayo de 1841, ambos Reales decretos publicados en la Gaceta de Madrid, debemos destacar que “La Gaceta de Madrid”, a la que pretende el “compañero” revisar, fue una publicación periódica oficial desde 1667 hasta 1936, año este en que fue sustituida por el Boletín Oficial del Estado, lo pongo por escrito más que nada por citar la publicación donde nuestro “magnífico historiador” puede encontrar la información, antes de que al final consiga hacer esa “revisión urgente” de la historia que pide, para que así les cuadren las fechas del bicentenario.
Y así filosofando y sin darnos cuenta hemos llegado al revisionismo histórico, tan de moda hoy en día y del que al parecer se ha contagiado el “magnífico historiador” autor del artículo, no, no voy a ser yo, Dios me libre, el que acuse a quien lo practica de no respetar la neutralidad y el espíritu crítico de esas fuentes históricas consideradas básicas y necesarias para que cualquier historiador que se precie pueda realizar su actividad, ni siquiera voy a dudar de la objetividad de “nuestro amigo y compañero” al interpretar la historia, no, pero permitidme que os diga que todo revisionismo histórico se esfuerza en utilizar de forma fraudulenta cualquier mecanismo de verosimilitud con los que se construye cualquier discurso histórico y para ello hace una utilización torticera de documentos, usa citas falsas y forzadas, y suele desvalorizar de forma caprichosa cualquier información relevante o sus fuentes por muy fidedignas y oficiales que sean.
Conociendo la honorabilidad de nuestra Policía Nacional, no quisiera pensar que el pretendido Bicentenario y la pretendida “revisión urgente” de “nuestro amigo historiador”, pretendan hacerse con carácter restaurador, tratando de falsificar los hechos y efectuar una reconstrucción histórica no fundamentada, con la única pretensión de proporcionar un imaginario de afirmación de identidad, tampoco quiero creer que se pretenda modificar la historia, de España y de la Policía Nacional para identificarse con unos orígenes que no les pertenecen, y que desde luego no merecen.
No voy a entrar en la politización del estamento policial, que menciona el “magnífico historiador” en su artículo, y no voy a hacerlo por respeto a Policía Nacional y a los policías nacionales, respeto que él no ha mostrado con Guardia Civil y no voy a entrar en esta cuestión porque algunos en cuestiones de politización policial tienen más que perder que otros, y porque esto no va de una guerra entre cuerpos policiales, esto va de historia, únicamente de historia, en este caso la de la Policía Nacional, cuyos antecedentes se circunscriben al nacimiento de la Policía Gubernativa creada en febrero de 1908 y formada por una rama de investigación, llamada “Cuerpo de Vigilancia”, y por un “Cuerpo de Seguridad” uniformado y dedicado a labores de orden público; otra cosa es, como matizaba el historiador, miembro de Policía Nacional y autor de “Sangre Azul, Historia de la Policía Nacional”, en una entrevista el pasado 17 de junio de 2022, en “El Correo de España”, que lo que se persiga únicamente sea “rebasar cronológicamente a la Guardia Civil, único cuerpo policial español que sí tiene una verdadera continuidad institucional hasta su momento fundacional en 1844”, que ha permanecido más de 178 años de forma ininterrumpida de servicio a la sociedad española, lo que viene a ser el “sorpaso”, ese otro “bonito palabro”, que junto al de “revisionismo” están tan de moda últimamente.
Tengo que darle no obstante la razón al “magnífico historiador”, cuando afirma en su artículo que “…se deben seguir manteniendo para ver si por un deus ex maquina una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”, porque es precisamente lo que él hace, intentar resolver una historia, la de Policía Nacional, basándose en una falacia, sin seguir la lógica y negando la propia realidad histórica para mantener la mentira del Bicentenario.
Una vez que hemos filosofado llegamos al final de este artículo y tal y como nos indica “nuestro amigo y compañero” en el suyo, vayamos al “vivere”, y aquí me temo que tengo que discrepar con él, porque no se trata de destruir ni de desvirtuar el bicentenario, se trata precisamente de no destruir y de no desvirtuar la verdad histórica, esa que al único que al parecer le importa “un pimiento morrón” es al “magnífico historiador, buen amigo y compañero”.
Considerando lo que somos y lo que representamos para la sociedad deberían algunos dejar veladas y mudas muchas de las palabras que han proferido sobre los demás, "compañeros" y "enemigos" y circunscribirse al relato veraz de los hechos históricos, para un historiador debería ser fácil hacerlo, deberían guardar silencio, ya que todo el mundo sabe que, en ocasiones, la mayoría de ellas, el silencio es virtud, o, a lo sumo, hablar a tiempo y con mesura sin faltar a la verdad. La lengua en ocasiones nos hace caer en la incontinencia verbal alejándonos, con frecuencia, de la prudencia que deberíamos tener al tratar algunos temas, y si la virtud del silencio no es una de nuestras virtudes, hablar con la exactitud debida; así lo afirma el dicho “quien mucho habla, mucho yerra”.
Me vais a permitir por último que acabe recordando que “Detrás de toda mentira siempre hay algún motivo, algún interés, que a alguien sirve” y que “Con el tiempo, es mejor una verdad dolorosa que una mentira útil” (Thomas Mann).
Antonio Mancera Cárdenas
Guardia civil retirado por accidente en acto de servicio










































































