
A lo largo de mi vida laboral, y no son pocos los años de dedicación como Guardia Civil, he tenido ocasión de encontrarme, en ese camino recorrido, con muchas personas; hombres y mujeres, que han dejado su huella en mi.
De ellas, sobre todo, he aprendido, ya que su carisma, su calidad humana, su entrega al trabajo, los convierten en seres humanos llenos de actitudes y aptitudes que sin lugar a duda y de forma inevitable hacen que quienes estamos a su alrededor nos impregnemos de esa grandeza de espíritu, que llena de valores, los hacen maestros y a nosotros discípulos dispuestos a emular sus conductas y su carácter.
Así era él, Mochi, un ejemplo, un Guardia Civil al que le fueron reconocidos profesionalmente muchos logros y con una capacidad de trabajo alabada por todos sus compañeros. Pero es que además, su presencia, su afable carácter, su amabilidad, su humanidad, su compañerismo, su luz, nos llenó y acompañó durante muchos años en los que tuvimos la oportunidad, y como no, el honor de poder compartir ese espacio de vida en el que cada día procurábamos dar lo mejor para la sociedad. Un espacio que él mejoraba y engrandecía con su buen hacer, su predisposición, su preocupación por ser útil y herramienta con su labor para lograr la seguridad ciudadana.
Hoy escribo con dolor, con el corazón triste, con la sensación de vacío que surge cuando un buen hombre, una buena persona, un gran Guardia Civil nos deja. Hoy veo a los ojos de mis compañeros, los que aún en activo trabajaban mano a mano con él y siento en su miradas las lágrimas que certifican que no me equivoqué cuando le vi por primera vez y percibí su nobleza. Hoy escucho a mis compañeros apesadumbrados y querría poder aliviar con mis palabras su tristeza, pero sé, lo he vivido, que ese sentimiento es necesario en este momento ya que representa la gran pérdida que supone la marcha de alguien importante en sus vidas.
Hoy querría que mis palabras llegaran como un susurro a su familia y darles consuelo ante esa bruma densa de desesperanza y dolor que ni siquiera tengo la certeza de que el tiempo pueda disiparla. Aún así me atrevo a decirles que lo que él fue permanecerá siempre en nuestros corazones y que no dejará de ser y estar entre nosotros eternamente, como amigo, como compañero, como persona íntegra, honesta, como Guardia Civil.
Porque no te has ido querido amigo, no te irás nunca mientras en cada uno de nosotros exista uno de tantos recuerdos que has dejado, y en nosotros donde ahora afloran y brotan las lágrimas llegará el día que podamos mirar al cielo y sentirte cerca, vivo siempre, grande e inolvidable.
“Ojalá un día aprendamos a escuchar y no a oír para ser alivio como lo es el agua clara de una fuente para el sediento, ojalá aprendamos a apreciar tras una mirada el desasosiego y tender la nuestra como una mano para sujetar cuando haya flaqueza, ojalá no nos acostumbremos a llorar las pérdidas y lloremos sin pudor en presencia de quien únicamente esté dispuesto a acompañar nuestra desazón, ojalá y no preguntemos nunca más, ¿qué pasó? y digamos, ven, siéntate conmigo y dime, ¿qué te pasa?.”
Descansa en Paz Mochi, tu recuerdo se perpetuará en nosotros por siempre.
Por: José Manuel Corral Peón
Comandante retirado de la Guardia Civil










































































