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120926. Rescate Collado la Cascada 

Los especialistas de los GREIM de Huesca, apoyados por las Unidades Aéreas y personal sanitario del 061, han intervenido entre el 6 y el 12 de septiembre en accidentes, extravíos, agotamientos y situaciones de riesgo en algunos de los principales macizos y valles del Pirineo aragonés

El Pirineo oscense vuelve a dejar constancia de la exigencia que supone trabajar en montaña. Entre el 6 y el 12 de septiembre, los especialistas en montaña de la Guardia Civil han tenido que intervenir en 20 operaciones de auxilio y rescate, en las que han sido atendidas o evacuadas 27 personas.

Los avisos fueron recibidos a través de la Sala de Emergencias 112 SOS Aragón y canalizados por la Central 062 de la Guardia Civil de Huesca. A partir de ahí, cada emergencia exigió valorar las circunstancias, determinar los medios necesarios y movilizar a los especialistas del GREIM correspondiente, en numerosas ocasiones con el apoyo de las Unidades Aéreas de la Guardia Civil y de médicos del 061.

El balance vuelve a mostrar una realidad conocida por quienes trabajan en estas unidades: en la montaña no existe un único tipo de emergencia. Hay accidentes con lesiones, pero también personas que se extravían, grupos que quedan enriscados, montañeros que llegan al límite de sus posibilidades o deportistas que afrontan una situación para la que no disponen del material necesario.

Y cada aviso obliga a responder.

Una semana especialmente intensa

La actividad comenzó el 6 de septiembre, con dos intervenciones.

La primera tuvo como escenario las inmediaciones de Garcipollera, en el término municipal de Jaca. Un parapentista de 47 años sufrió un esguince de tobillo durante el aterrizaje. El GREIM de Jaca acudió al lugar en vehículo oficial, localizó al herido y procedió a su evacuación hasta el Hospital Comarcal de Jaca.

Horas después, el GREIM de Benasque tuvo que intervenir en las inmediaciones del Pico Aneto después de que dos montañeros de 20 años se extraviaran y no pudieran continuar su actividad. Los especialistas los localizaron en la Pista de Senarta y los trasladaron en vehículo oficial.

Dos situaciones distintas y una misma necesidad: localizar a las personas afectadas y conseguir que regresaran a un lugar seguro.

Los avisos se recibieron a través del sistema de emergencias 112 SOS Aragón y la Central 062 de la Guardia Civil de Huesca.

Accidentes, agotamiento y una noche en la montaña

El día 7 concentró cuatro intervenciones.

A primera hora de la mañana, un senderista de 54 años sufrió un esguince de tobillo tras tropezar en las inmediaciones del Balcón de Pineta. En este caso fue necesaria la participación conjunta del GREIM de Boltaña, la Unidad Aérea de Benasque y un médico del 061. Tras localizarlo desde el aire, fue evacuado hasta el punto de información del Valle de Pineta.

Poco después, el GREIM de Panticosa y un médico del 061 auxiliaron a un senderista de 62 años que, debido al agotamiento, no podía continuar en la ferrata de Escuacho, en Escarrilla.

La tercera intervención tuvo lugar en el camino Gallinero, en Las Paúles. Una ciclista de montaña estadounidense, de 33 años, sufrió una posible fractura de pómulo después de una caída. El dispositivo movilizó al GREIM de Benasque, la Unidad Aérea de Benasque y un médico del 061. La herida fue evacuada hasta la helisuperficie de Benasque y posteriormente trasladada en ambulancia al Hospital de Barbastro.

Pero aquella jornada todavía reservaba una de las intervenciones que mejor refleja las dificultades que puede presentar un rescate nocturno.

A las 22:00 horas se recibió el aviso de que un senderista de 25 años había sufrido una fractura de muñeca tras tropezar en las inmediaciones del Ibón Bajo de Arriel. Los especialistas del GREIM de Panticosa y el médico del 061 llegaron hasta él por tierra, pero las circunstancias aconsejaron permanecer en la zona durante la noche. A primera hora de la mañana siguiente, la Unidad Aérea de Huesca pudo realizar la evacuación y trasladar al herido hasta el hospital de Jaca.

Cuatro intervenciones que obligaron a combinar medios terrestres, evacuación aérea y asistencia sanitaria, además de adaptar la respuesta a las condiciones de cada escenario.

Cuando la montaña deja de ofrecer una salida

El 8 de septiembre se produjeron otras cuatro actuaciones.

En el Cuello de Cilindro, en Bielsa, dos montañeros de 28 y 32 años quedaron enriscados y no pudieron continuar. El GREIM de Boltaña y la Unidad Aérea de Benasque localizaron a ambos y procedieron a su evacuación hasta la Pradera de Pineta.

En la ferrata de Obarra, en Beranuy, dos escaladores de 50 y 61 años se vieron igualmente incapaces de continuar debido a una sobreestimación de sus posibilidades. En este caso intervinieron el GREIM de Benasque y la Unidad Aérea de Huesca, que trasladaron a los dos hombres hasta un aparcamiento cercano.

La tercera emergencia tuvo una gravedad mayor. En las inmediaciones del Pico Infiernos, un deportista de montaña sufrió una caída vertical que le provocó cortes profundos en una pierna. El GREIM de Panticosa, la Unidad Aérea de Huesca y un médico del 061 participaron en el rescate y posterior evacuación al hospital de Jaca.

La jornada terminó con otra actuación en Bielsa. Un senderista de 66 años sufrió dolor en una rodilla después de una caída al mismo nivel en las inmediaciones del Collado de Añisclo. Fue localizado y evacuado por vía aérea hasta la Pradera de Pineta, desde donde pudo continuar por sus propios medios.

El patrón empieza a repetirse: personas con diferentes niveles de experiencia, actividades distintas y problemas muy variados, pero con una característica común cuando llega el momento de pedir ayuda: la montaña impone sus propias reglas.

El Aneto y Monte Perdido, entre los escenarios de las operaciones

Tras una jornada sin intervenciones registradas el día 9, la actividad se reanudó el 10 de septiembre con cuatro nuevos avisos.

El primero llegó desde el camino del Salterillo, durante el ascenso al Aneto. Un montañero de 39 años sufrió la luxación de un dedo después de una caída. El GREIM de Benasque, la Unidad Aérea de Benasque y un médico del 061 participaron en su evacuación, que terminó en la helisuperficie de Benasque antes de continuar hacia el Hospital de Barbastro.

En la Vía del Ibón, en Panticosa, dos escaladores quedaron enriscados y tuvieron que ser evacuados por la Unidad Aérea de Huesca con apoyo del GREIM de Panticosa.

Ese mismo día, un montañero francés de 62 años se encontraba en dificultades durante su progresión por terreno abrupto en las inmediaciones de Monte Perdido. Los especialistas determinaron que no podía continuar debido a una sobreestimación de sus posibilidades. Fue evacuado por la Unidad Aérea de Benasque hasta el refugio de Serradets, en Francia.

La última actuación del día se produjo en el sendero del Carretón, en Canfranc Estación, donde una senderista madrileña de 36 años sufrió una fractura de húmero tras caer por una ladera. El GREIM de Jaca y un médico del 061 se encargaron de localizarla y trasladarla hasta Canfranc, donde esperaba una ambulancia para llevarla al hospital de Jaca.

La importancia de saber cuándo pedir ayuda

El 11 de septiembre volvió a poner de manifiesto que no todos los rescates comienzan después de un accidente.

En las inmediaciones del Pico Balaitous, un montañero de 21 años se encontró imposibilitado para continuar por falta de material. El GREIM de Panticosa y la Unidad Aérea de Huesca acudieron en su auxilio y lo trasladaron hasta el acuartelamiento de Panticosa.

En Santa Eulalia la Mayor, un parapentista estadounidense de 33 años chocó contra una ladera y sufrió una fractura de cadera y una luxación de hombro. La intervención del GREIM de Huesca, la Unidad Aérea de Huesca y un médico del 061 permitió su evacuación aérea hasta el Hospital San Jorge de Huesca.

En el Collado de Añisclo, otro montañero, de 24 años, sufrió una rotura de menisco debido a problemas físicos y tuvo que ser evacuado hasta el Parador de Pineta.

La cuarta intervención del día se produjo en el Valle Barrosa, donde un senderista de 50 años se extravió y no pudo continuar. Fue localizado por el GREIM de Boltaña y la Unidad Aérea de Benasque y trasladado hasta el aparcamiento de Barrosa.

Son situaciones que recuerdan una cuestión básica pero fundamental: la prevención también consiste en reconocer los propios límites.

La falta de material adecuado, una preparación insuficiente, el agotamiento o una valoración equivocada de las dificultades del recorrido pueden convertir una actividad inicialmente planificada como deportiva o recreativa en una emergencia.

Cinco intervenciones en una sola jornada

El 12 de septiembre fue el día de mayor actividad del periodo, con cinco operaciones.

En el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, un montañero de 25 años sufrió laceraciones en las rodillas y contusiones después de caer unos cuatro metros en las inmediaciones del Collado de la Cascada. El GREIM de Boltaña, la Unidad Aérea de Benasque y un médico del 061 participaron en su evacuación hasta la Pradera de Ordesa, donde fue transferido a una ambulancia con destino al hospital de Jaca.

Apenas quince minutos después se produjo un segundo aviso en el Pico Collarada, en Villanúa. Un voluntario de 70 años que participaba en una prueba deportiva de alta montaña sufrió una fractura de tibia y peroné tras tropezar. Fue evacuado por la Unidad Aérea de Huesca hasta la helisuperficie de Canfranc-Estación y posteriormente trasladado por la organización de la carrera a un centro médico.

Horas más tarde, nuevamente en Collarada, dos montañeros tuvieron que ser auxiliados después de que uno de ellos sufriera mareos y calambres. Ambos fueron evacuados hasta el aparcamiento de la Trapa y el afectado fue trasladado en ambulancia al hospital de Jaca.

La cuarta intervención tuvo como escenario Mallata Baja de Argualas, en Sallent de Gállego. Un senderista de 66 años sufrió un cólico de vesícula y no pudo continuar. El GREIM de Panticosa, la Unidad Aérea de Huesca y un médico del 061 realizaron la evacuación hasta el Hospital San Jorge de Huesca.

Y cuando parecía cerrarse una semana especialmente intensa, todavía hubo una quinta actuación. Dos senderistas se extraviaron en las inmediaciones del Ibón de Batisielles, dentro del Parque Natural de Posets-Maladeta. Ambos fueron localizados por el GREIM de Benasque y la Unidad Aérea de Benasque y trasladados hasta el aparcamiento de Estos, donde tenían estacionado su vehículo.

Veinte emergencias, una misma misión

El balance de estos siete días deja 20 intervenciones y 27 personas auxiliadas.

Las circunstancias son muy diferentes: caídas, fracturas, luxaciones, esguinces, agotamiento, problemas físicos, extravíos, personas enriscadas o deportistas que no disponían del material necesario para continuar.

También lo son los escenarios. Aneto, Monte Perdido, Balaitous, Infiernos, Collarada, Ordesa, Pineta, Batisielles, Arriel, Barrosa, Panticosa o Canfranc aparecen en este breve balance como nombres conocidos por los aficionados a la montaña, pero que adquieren una dimensión muy diferente cuando alguien necesita ser rescatado en ellos.

En muchas de estas intervenciones fue determinante la coordinación entre los especialistas de los GREIM, las Unidades Aéreas de la Guardia Civil y los médicos del 061.

El helicóptero permite reducir enormemente los tiempos de acceso y evacuación en lugares donde el desplazamiento por tierra puede exigir horas. Pero detrás de cada vuelo existe también un trabajo previo de localización, valoración de la situación y coordinación. Y cuando las condiciones no permiten una evacuación inmediata, como ocurrió durante la noche del día 7 en el Ibón Bajo de Arriel, los especialistas deben permanecer junto al afectado hasta que sea posible completar el rescate con garantías.

La montaña no perdona los errores

Las cifras de esta semana permiten extraer otra conclusión.

Una parte importante de las intervenciones no se produce porque exista necesariamente una situación inicialmente extrema. Algunas comienzan con un tropiezo, una caída, un problema físico o una mala planificación. El problema aparece cuando el lugar, la meteorología, la distancia o la propia dificultad del terreno impiden resolver por medios propios una situación que, en otro entorno, podría ser sencilla.

También aparecen varios casos expresamente relacionados con la sobreestimación de las propias posibilidades. Dos escaladores en la ferrata de Obarra, un montañero en Monte Perdido y dos senderistas en Batisielles se encontraron en situaciones en las que no podían continuar su actividad.

El mensaje preventivo resulta evidente: conocer el itinerario, comprobar la previsión meteorológica, llevar material adecuado, calcular correctamente los tiempos y, sobre todo, adaptar la actividad a la preparación física y técnica de cada persona puede evitar muchas emergencias.

ASOCIACIÓN HISTÓRICO-CULTURAL "FIEL en el DEBER"