En la noche de 26 de marzo de 1892, se produjo una gran tormenta que descargó gran cantidad de agua sobre varios arroyos que cruzan la villa de Villadiego (Burgos), produciendo el desbordamiento del arroyo Jaramo, así como la inundación de varias casas.
Los guardias civiles D. Galo Bueno Moreno y D. Donato García Alonso, sin vacilar ni un momento pese al peligro, cruzaron dicho arroyo por un pequeño puente anegado para socorrer y evacuar de unas de las casas inundadas a dos mujeres y una niña. El primer teniente D. José Soto, junto al cabo Vitoriano y otros tres guardias más, acudieron a varios puntos de la población que también se encontraban inundados, para extraer y poner a salvo a varias personas y enseres, sin importarles las lluvias torrenciales y la dificultad de dicha operación. Por este servicio recibieron las gracias del inspector general del Cuerpo, con anotación en sus hojas de servicio y filiaciones respectivas.










































































