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cabeceratribunabenemerita

ChatGPT Image 5 ago 2026 12 51 25

Hay debates políticos que pueden esperar. Una emergencia, no. Cuando una persona marca el 112 porque su hijo ha sufrido una parada cardiorrespiratoria, porque está siendo víctima de una agresión, porque presencia un accidente de tráfico o porque su vida corre peligro, existe una única prioridad: que la ayuda llegue cuanto antes.

Por eso resulta difícil comprender el rechazo de EH Bildu y el respaldo de los sindicatos ELA y LAB a la integración de la Guardia Civil y la Policía Nacional en la Plataforma Única de Emergencias de Navarra. Un sistema diseñado precisamente para movilizar al recurso policial más cercano, independientemente del uniforme que vista.

No se trata de un debate competencial. Se trata de salvar minutos. Y, en muchas ocasiones, esos minutos salvan vidas.

La coordinación entre cuerpos policiales no supone restar competencias a la Policía Foral. Al contrario, fortalece la capacidad de respuesta del conjunto del sistema de seguridad pública. La Guardia Civil, la Policía Nacional y la Policía Foral llevan décadas compartiendo información, desarrollando operaciones conjuntas y colaborando frente al terrorismo, el narcotráfico, la delincuencia organizada o las grandes emergencias. Resulta difícil explicar que esa cooperación deba interrumpirse precisamente cuando un ciudadano necesita auxilio urgente.

La filosofía de cualquier centro coordinador de emergencias es sencilla: movilizar el recurso disponible que pueda llegar antes. No existe otra lógica compatible con el interés general. Sin embargo, el rechazo expresado por EH Bildu responde a una concepción política e ideológica que continúa defendiendo la reducción progresiva de la presencia de la Guardia Civil y la Policía Nacional en Navarra, incluso en ámbitos donde su participación puede traducirse en una respuesta más rápida al ciudadano.

Resulta toalmente paradógico y muy discutible que la ideología llegue a afectar a un sistema cuyo único objetivo es proteger vidas.

La Guardia Civil no es un cuerpo ajeno a Navarra. Forma parte de la historia de la Comunidad Foral desde hace más de siglo y medio. Miles de guardias civiles han servido allí con profesionalidad, muchos han formado sus familias en esa tierra y algunos entregaron incluso su vida combatiendo el terrorismo de ETA.

Precisamente por eso, resulta imposible desligar este debate del contexto histórico.

Durante décadas, la Guardia Civil fue uno de los principales objetivos de ETA. Más de doscientos guardias civiles fueron asesinados por la organización terrorista, además de familiares, niños y ciudadanos que sufrieron las consecuencias de una violencia que marcó profundamente la historia reciente de España.

EH Bildu continúa defendiendo una reducción de la presencia de la Guardia Civil y la Policía Nacional en Navarra, una reivindicación histórica compartida por el entorno etarra y por el nacionalismo radical vasco desde mucho antes del final del terrorismo. En ese contexto se explica el rechazo, que muchas víctimas y numerosos sectores de la sociedad vasca y navarra contemplan cuando en entorno abertzale y etarra sigue intentando excluir a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado de espacios de cooperación institucional.

La cuestión no es quién recibe la llamada. La cuestión es quién llega primero.

Si una patrulla de la Guardia Civil puede acudir en cuatro minutos y otra patrulla tarda diez, impedir que intervenga la primera no fortalece ningún modelo policial. Debilita la protección del ciudadano.

Y eso debería preocupar a cualquier administración responsable.

Las emergencias no entienden de ideologías.

Un infarto no pregunta qué cuerpo policial presta el servicio.

Una mujer víctima de violencia de género no distingue entre uniformes cuando necesita ayuda.

Una familia atrapada en un accidente solo espera escuchar las sirenas cuanto antes.

Ese es el verdadero sentido del 112.

No seleccionar instituciones por razones políticas, sino poner todos los recursos públicos al servicio de quien los necesita.

La Guardia Civil y la Policía Nacional no representan intereses partidistas. Son instituciones del Estado al servicio de todos los españoles, también de los navarros. Integrarlas en la plataforma de emergencias no resta protagonismo a nadie; suma capacidades, mejora la coordinación y aumenta las posibilidades de salvar vidas.

En seguridad, como en medicina, el tiempo es un factor decisivo.

Por eso resulta difícil comprender que alguien pueda anteponer un proyecto político y una ideología excluyente a un principio tan elemental como que el ciudadano reciba ayuda de quien pueda llegar antes.

Porque cuando alguien llama al 112, ya no hay espacio para las siglas.

Solo hay espacio para la responsabilidad.