
La apertura de la Madrugá sevillana es uno de los rituales más singulares y menos conocidos de la Semana Santa de Sevilla. Se trata de un acto protocolario cargado de historia y de simbolismo que une seguridad pública, devoción y memoria colectiva.
Origen en el siglo XVI: el problema del orden en las procesiones
En el siglo XVI, las cofradías de la Madrugá (la noche del jueves al Viernes Santo) no contaban con itinerarios fijos ni horarios estrictos. Era habitual que varias hermandades confluyeran en las mismas calles estrechas del centro histórico de Sevilla, lo que generaba atascos, tensiones e incluso altercados entre nazarenos, costaleros y público.
Para garantizar que la ciudad estuviera en condiciones de continuar con la Semana Santa con solemnidad y seguridad, las autoridades civiles establecieron rondas de vigilancia. Estas “rondas” tenían como objetivo comprobar que no hubiera incidentes y que el ambiente fuera de recogimiento antes del paso de las grandes hermandades de la madrugada (Silencio, Gran Poder, Macarena, Esperanza de Triana, etc.).
La llave del Sagrario de la Catedral (donde se custodia el Santísimo Sacramento) se convirtió en el símbolo central de este protocolo. El representante del poder civil la recibía del Arzobispo durante los oficios del Jueves Santo. Portarla y devolverla formalmente en la Catedral equivalía a certificar que la ciudad estaba “lista” para proseguir la celebración religiosa.
En épocas posteriores (siglo XVIII, especialmente hacia 1794), estas rondas las realizaban alguaciles de la Audiencia o fuerzas de orden público de la época, que informaban al Cabildo eclesiástico con una fórmula protocolaria: “La ciudad está en calma”.
Con el tiempo, se implantaron venias, horarios y controles en la Carrera Oficial, pero la “Ronda Mayor” o “La Ronda” se conservó como reliquia simbólica de aquel control mixto civil-eclesiástico.
La Guardia Civil como heredera de la tradición
La Guardia Civil, fundada en 1844, asumió progresivamente funciones de orden público en las procesiones y, con el paso del tiempo, se convirtió en la heredera natural de aquellas antiguas rondas de vigilancia.
Aunque su presencia general en Semana Santa se remonta al siglo XIX, en el caso concreto de “La Ronda” de la llave, la Benemérita mantiene viva una tradición cuyos orígenes son muy anteriores a su creación.
Hoy, la Guardia Civil actúa como escolta armada del subdelegado (o delegado) del Gobierno en Sevilla, máximo representante del Estado en la provincia. El acto se produce la noche del Jueves Santo, entre el paso del palio de la Virgen del Valle y la Cruz de Guía de la Hermandad de Pasión, incorporándose la formación desde la calle Sierpes hacia la plaza de San Francisco y continuando hasta la Catedral (Puerta de San Miguel o equivalente).
Los guardias civiles participan uniformados de gala (tricornio y, en algunos casos, con “arma larga” a la funeral, como es tradición en desfiles procesionales). Escoltan al portador de la llave en una comitiva que incluye oficiales y un piquete de agentes.
El ritual actual: “La ciudad está sosegada y en calma”
El subdelegado del Gobierno recibe la llave del Sagrario de manos del Arzobispo durante los oficios del Jueves Santo.
La comitiva se integra en la Carrera Oficial en el momento preciso entre Valle y Pasión.
Al llegar a la Catedral, el representante civil devuelve oficialmente la llave.
En ese instante, se pronuncia la frase centenaria: “La ciudad está sosegada y en calma” (o variantes como “La ciudad está sosegada y en calma como corresponde a la festividad del día”). Solo después de esta declaración puede continuar el desarrollo normal de la Semana Santa, permitiendo el pleno desarrollo de la Madrugá.
Este gesto simboliza que el orden público está garantizado y que la solemnidad religiosa puede proseguir sin contratiempos.
La Guardia Civil no solo custodia la llave física, sino que representa el puente entre la autoridad civil y la eclesiástica, heredando el papel de aquellas fuerzas del siglo XVI que “aseguraban que la ciudad estaba lista”.
Significado actual y difusión
La Guardia Civil mantiene esta tradición con orgullo, como “heredera de la fuerza que ya en el siglo XVI recorría estas calles”, presentándose como un ejemplo de su arraigo en la cultura y devoción popular sevillana. No es solo seguridad: es memoria viva.
Aunque el acto es protocolario y simbólico (hoy en día la seguridad de la Madrugá cuenta con un amplio dispositivo de Guardia Civil, Policía Nacional y Local), conserva todo su valor emotivo y ceremonial.
Representa la convivencia histórica entre poder civil, religioso y militar en una de las celebraciones más importantes de España.
En resumen, lo que hoy hace la Guardia Civil no es una invención reciente, sino la evolución natural de un protocolo de orden y tranquilidad nacido hace más de cuatro siglos para resolver los problemas logísticos y de convivencia de una Semana Santa sin regulación moderna.
La Benemérita ha sabido convertir esa antigua necesidad de “ronda” en un hermoso ritual que aún hoy “abre” simbólicamente la noche más mágica y esperada de Sevilla.
Antonio Mancera Cárdenas -Director-










































































