
El periódico militar 'La Corona' defendió en 1853 la ampliación de la Guardia Civil para garantizar seguridad pública y liberar al Ejército. La real orden del 5 de febrero incrementó la plantilla de la Guardia Civil hasta los 10.749 efectivos
En el Guía del Guardia Civil número 90, de 20 de marzo de 1853, se publicaron, conforme la real orden del Ministerio de la Guerra, de 5 de febrero anterior, los cuadros de la fuerza de Infantería y de Caballería que debía tener la Benemérita.
Muy poco antes, el 3 de febrero, el periódico La Corona había publicado en sus páginas un extenso artículo sobre la necesidad de aumentar el número de efectivos de la Benemérita: “Se trata de aumentar la Guardia civil, Cuerpo que, en nuestro sentir, es la significación más completa y acertada de la fuerza armada destinada al servicio público”.
Dicho periódico era muy reciente aparición, pues el propio Guía del Guardia Civil le había dado la bienvenida dedicándole un artículo el 1º de febrero (en su número 85) que comenzaba diciendo: “Hemos leído con el mayor detenimiento el nuevo periódico militar titulado La Corona y nos ha causado una viva satisfacción, porque llena el elevado y noble objeto que se propone. El estilo de los artículos de fondo constituye una nueva escuela: instructivo, persuasivo, conciliador, sensato y ameno, nada deja que desear; así es que desde luego le aseguramos un éxito completo”.
Continuando con el ejemplar publicado el 3 de febrero, el artículo de La Corona proseguía: “Mucho aplaudimos, pues, la idea de dar mayor ensanche a nuestros tercios de la Guardia civil, y deseamos que cuanto antes reciban sus cuadros la dotación suficiente para que, pudiendo atender sin necesidad del auxilio del ejército, a la seguridad de los caminos, a la tranquilidad interior de las poblaciones y a la represión de los delitos, eviten a los regimientos el servicio de partidas y destacamentos que tanto perjudica a la disciplina, embaraza la administración, y se opone a que, reunidos en puntos céntricos y convenientes, se dediquen sus coroneles al fomento del espíritu militar y a la instrucción teórica y práctica de los oficiales y de la tropa”.
Aunque hacía ya más de ocho años que la Benemérita había comenzado a desplegarse por las provincias peninsulares y las Islas Baleares, todavía era necesaria la importante vigilancia territorial de unidades del Ejército en materia de lo que hoy día se conoce como seguridad ciudadana. La Guardia Civil, que entonces era la única fuerza de seguridad del Estado existente a nivel nacional, y que desde su creación en el año 1844 venía desplegándose, era todavía insuficiente en número de efectivos para asumir la totalidad del orden público de la nación.
Por tal motivo, dicho artículo terminaba diciendo, entre otras cosas, que “consideramos bien empleados cuantos sacrificios haga el Gobierno para dar a la Guardia Civil, en número e importancia, todas las condiciones que el interés público reclame”.
El caso es que, aprobada la mentada real orden de 5 de febrero anterior, se publicó en el citado Guía del Guardia Civil de 20 de marzo de 1853 la nueva plantilla de la Benemérita, incrementándose sus efectivos. Dicha plantilla figuraba distribuida por compañías y escuadrones desplegados en las provincias y tercios establecidos por toda la Península Ibérica e Islas Baleares. Todavía quedaban algunas décadas para que la Guardia Civil asentara sus fuerzas en el archipiélago canario y en las entonces plazas de Ceuta y Melilla.
El benemérito Instituto, como primer Cuerpo de Seguridad del Estado y de mayor antigüedad, había pasado a contar, en dicho incremento de personal a nivel nacional respecto a la fuerza de Infantería, con 49 compañías y 248 secciones, así como en relación a la fuerza de Caballería con nueve escuadrones y secciones integradas en los mismos, más cinco secciones sueltas. En total, 10.749 efectivos, una plantilla que nunca antes habían tenido las corporaciones e instituciones de seguridad pública que le habían precedido. Todo ello bajo el mando entonces del II Duque de Ahumada, el teniente general Francisco Javier Girón Ezpeleta, como inspector general de la Guardia Civil.
La plantilla de Infantería contaba con 9.141 componentes (41 primeros capitanes, 49 segundos capitanes, 147 tenientes, 49 subtenientes, 49 sargentos 1º, 199 sargentos 2º, 50 tambores o cornetas, 496 cabos 1º, 545 cabos 2º, 1.041 guardias 1º y 6.475 guardias 2º). La plantilla de Caballería estaba dotada de 1.608 componentes (8 primeros capitanes, 11 segundos capitanes, 23 tenientes, 16 alféreces, 11 sargentos 1º, 36 sargentos 2º, 15 trompetas, 88 cabos 1º, 99 cabos 2º, 650 guardias 1º y 651 guardias 2º), disponiendo de 1.500 caballos.
Respecto a la provincia de Cádiz, donde se hallaba desplegada la 3ª Compañía del Tercer Tercio (Sevilla), contaba con 7 secciones de Infantería y 1 sección de Caballería, estando esta última encuadrada orgánicamente en uno de los dos escuadrones del mentado tercio sevillano, si bien funcionalmente dependía del jefe de la Benemérita gaditana. En total se trataba de una plantilla de 316 efectivos.
La fuerza de Infantería desplegada por toda la provincia de Cádiz era de 257 componentes (1 primer capitán, 1 segundo capitán, 4 tenientes, 1 subteniente, 1 sargento 1º, 6 sargentos 2º, 1 tambor o corneta, 14 cabos 1º, 15 cabos 2º, 29 guardias 1º y 184 guardias 2º. Respecto a la fuerza de Caballería contaba con una robusta sección compuesta por 59 efectivos, de teniente a guardia 2º. Debe significarse, que por aquel entonces, ya había fuerza de Infantería de la Guardia Civil desplegada en diferentes puestos del Campo de Gibraltar.
Iniciado el mentado año de 1853, se encontraba al mando del Tercer Tercio (Sevilla) el coronel Carlos Puergoldt de Löwenhard que disfrutaba de la graduación de brigadier de Infantería. Como jefe del benemérito Instituto en la provincia gaditana estaba el primer capitán Benito Artalejo Garrido, de Infantería, con residencia en la capital, mientras que en el Campo de Gibraltar de entonces continuaba todavía el teniente Juan Morillas Casas, de Caballería.
Los meritorios servicios practicados en Algeciras continuaban publicándose en el Guía del Guardia Civil. En el número 95, del 10 de mayo de 1853, se informaba de la felicitación concedida por Isabel II, por real orden de 25 de abril anterior, tras el desorden acaecido en dicha ciudad siete días antes al concluirse una corrida de novillos. Los felicitados por la reina fueron “los individuos de la Guardia civil y del ejército que contribuyeron al restablecimiento de la tranquilidad”.










































































