
El pasado 14 de junio de 2025, las calles de Oñate, en Guipúzcoa, volvieron a ser escenario de un espectáculo indigno y cargado de odio: el denominado "Fan Hemendik Eguna" ("Que se vayan de aquí"), una jornada organizada por los herederos ideológicos de la banda terrorista ETA, los "cachorros" de Arnaldo Otegi, para exigir la expulsión de la Guardia Civil del País Vasco y rendir homenaje a quienes sembraron el terror durante décadas.
Un acto, que lejos de ser una expresión de convivencia, no es más que una muestra más del rencor visceral que la izquierda abertzale sigue albergando contra las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado (FCSE), y en particular contra la Guardia Civil, verdadero artífice de la derrota de ETA.
Un acto de odio disfrazado de fiesta
El "Fan Hemendik" no es una novedad. Desde 1999, esta campaña, heredera de la estrategia "Alde Hemendik" diseñada por ETA para hostigar a las FCSE, reúne anualmente a quienes, bajo la excusa de un supuesto sentimiento nacionalista y una jornada festivo-cultural, perpetúan el discurso del odio contra aquellos que defendieron la libertad y la seguridad de los españoles frente al terrorismo etarra.
En esta edición de 2025, unos 150 manifestantes, acompañados de pancartas con lemas como “Kuartela herriarentzat! Fan hemendik!” (El cuartel para el pueblo. Fuera de aquí), recorrieron las calles de Oñate en un ambiente que algunos medios locales llegaron a calificar de "festivo". Sin embargo, no hay nada festivo en un acto que promueve el odio y el rechazo hacia la Guardia Civil, que insulta a sus agentes y exalta a etarras asesinos, a quienes además se rinde homenaje durante la marcha.
En estas jornadas de odio, se viven verdaderos momentos indignantes, como esas imágenes que tenemos en la memoria colectiva de años anteriores, menores apuntando con una escopeta de juguete a un cabezudo disfrazado de guardia civil, o la supuesta entrega de las armas por parte de personajes disfrazados de guardias civiles al entorno de ETA, gestos que simbolizan la trasmisión del odio a las nuevas generaciones, disfrazado en unas ocasiones de un supuesto “juego infantil”, que sin embargo no deja de ser un acto deliberado de adoctrinamiento para normalizar la violencia contra la Guardia Civil y el blanqueamiento de la banda asesina y del terrorismo de ETA.
La Guardia Civil: El muro infranqueable contra el terrorismo
La Guardia Civil, ha sido la columna vertebral en la lucha contra ETA, una banda que dejó un reguero de sangre con más de 800 asesinatos, muchos de ellos dirigidos contra los propios guardias civiles. En Oñate, un municipio especialmente marcado por la tragedia, donde ocho agentes fueron asesinados por ETA, la presencia de la Benemérita es un recordatorio constante de su sacrificio y de su victoria frente al terrorismoe.
Fue la tenacidad, la profesionalidad y el compromiso de la Guardia Civil lo que desmanteló las estructuras de la organización terrorista, obligándola a declarar el cese de su actividad armada en 2011. Sin embargo, la izquierda abertzale, incapaz de aceptar su derrota, persiste en su campaña de acoso, utilizando el "Fan Hemendik" como una herramienta para reavivar las brasas del rencor.
Un odio que no es nuevo, pero sí revelador. Mientras los guardias civiles y sus familias enfrentan el aislamiento social en lugares como Oñate donde, nadie te alquila una casa cuando conocen tu trabajo y los niños de los agentes tienen que ir a colegios privados, los herederos de ETA disfrazan su intolerancia de reivindicación cultural. Sus pancartas, sus cánticos y sus actos de mofa, como el vídeo de 2017 que parodiaba la entrega de armas de ETA a cargo de un supuesto guardia civil, no son más que intentos de humillar a un cuerpo policial que representa los valores de la democracia y el Estado de derecho y que ha sido clave para la derrota de ETA.
La complicidad de la inacción
La pasividad de las instituciones es, quizás, el aspecto más doloroso de esta historia. El Gobierno vasco, el Ministerio del Interior, la Fiscalía, vienen permitiendo que el "Fan Hemendik" se celebre año tras año, a pesar de las denuncias de asociaciones profesionales de la Guardia Civil y de asociaciones de víctimas del terrorismo, que, también año tras año vienen exigiendo la prohibición por incitación al odio y humillación a las víctimas del terrorismo de este tipo de jornadas. La ausencia de un perímetro de seguridad en torno al cuartel de Oñate, donde residen no solo los agentes sino también sus familias, es una muestra de abandono institucional que viven los guardias civiles en estas poblaciones, tomadas por quienes representan la intolerancia y el discurso del odio y que ensalzan el terrorismo y que además debemos recordar que estas campañas, como el "Fan Hemendik" en Oñate o el "Ospa Eguna" en Alsasua, forman parte de la estrategia diseñada por la banda asesina ETA, y que han tomado como suya sus herederos políticos, para expulsar a la Guardia Civil del País Vasco y Navarra. Que estas iniciativas persistan, con el respaldo implícito de ayuntamientos como el de Oñate, y sin una condena clara de las autoridades, es una afrenta a la memoria de las víctimas y a la labor de la Guardia Civil.
La Guardia Civil no se irá
Frente al odio de los "cachorros" de ETA, la Guardia Civil responde con la serenidad de quien sabe que está en el lado correcto de la historia. Su presencia en Oñate, en Alsasua, como en el resto del País Vasco, sigue siendo una garantía de seguridad y un símbolo de resistencia frente a la intolerancia. Los agentes, que soportan el hostigamiento diario y la presión social, no solo defienden a los ciudadanos, sino también los valores de convivencia y libertad que la izquierda abertzale pretende socavar.
Es hora de que la sociedad española, y en particular las instituciones, reconozcan el papel crucial de la Guardia Civil en la derrota de ETA y actúen con firmeza contra quienes perpetúan el odio. No podemos permitir, como sociedad, que los herederos de una ideología criminal y terrorista sigan señalando a quienes dieron su vida por nuestra seguridad.
La Guardia Civil está donde debe estar, y allí seguirá, con la fuerza de su compromiso y la dignidad de su uniforme.
Antonio Mancera Cárdenas
Director










































































