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La Guardia Civil protegiendo el campo 

Hoy, 13 de mayo de 2025, la Guardia Civil celebra su 181º Aniversario, un hito que la consagra no solo como el cuerpo policial más antiguo que de forma ininterrumpida ha dado seguridad y protección en cada rincón de España, sino como un verdadero pilar inamovible de nuestro país, que se ha ido forjando en los valores del honor, el sacrificio y la lealtad.

En un mundo donde las instituciones se tambalean y los valores se diluyen, la Guardia Civil permanece fiel a sus principios, rejuvenecida, vibrante y más necesaria que nunca, porque la Institución no es solo una fuerza de seguridad; es el corazón de la España rural, sus hombres y mujeres son auténticos ángeles de la guarda que, vestidos de verde, han venido protegiendo a generaciones de españoles en los momentos más oscuros y difíciles de nuestra historia.

Desde su fundación en 1844 por el Duque de Ahumada, la Guardia Civil ha sido sinónimo de abnegación y sacrificio.

Cuando las lluvias torrenciales arrasaban vidas y hogares, allí estaban los guardias civiles, arriesgando sus vidas para salvar a los atrapados por las aguas, como en el trágico suceso del Barranco de Bellver en Oropesa en 1850, apenas recién nacida, Pedro Ortega y Antonio Jimeno perecieron heroicamente intentando salvar a los ocupantes de un carruaje arrastrado por las aguas, o en las inundaciones de Santomera en 1906, donde su intervención fue clave para paliar el desastre. En las riadas del País Vasco en 1983, cuatro guardias civiles perdieron la vida intentando rescatar a una joven en Llodio, en plena ofensiva de ETA, cuando el odio hacia el Cuerpo era un veneno que corría por las venas de algunos. Y qué decir de los rescates recientes, como el del cabo Diego Díaz, fallecido en 2014 en Guillena al salvar a los ocupantes de un vehículo atrapado por una riada a costa de su propia vida, o los tres agentes que perecieron en un accidente de helicóptero en León mientras auxiliaban a un montañero enriscado.

En pandemias, la Guardia Civil también ha sido la primera en la trinchera, en el cólera que arrasó España, en la crisis del COVID-19, los guardias civiles, auxiliaron, socorrieron y protegieron a los españoles, patrullaron calles desiertas, llevaron alimentos y medicinas a los más vulnerables y protegieron hospitales, incluso durante el cólera les tocó hacer de enterradores, demostrando que su vocación de servicio trasciende el uniforme. En accidentes, desastres naturales o tragedias, son los primeros en llegar y los últimos en irse, ya sea rescatando inmigrantes en las costas de Tarifa, buscando a personas perdidas en montañas inhóspitas o liberando vehículos atrapados por la nieve. Los principios guían los pasos de los guardias civiles en cada una de sus acciones.

La Guardia Civil ha ganado su título de Benemérita con sudor, sangre y sacrificio. En 1929, la Gran Cruz de la Beneficencia reconoció su labor humanitaria, pero su verdadero galardón es el cariño de los españoles, que año tras año la sitúan como la institución más valorada del país, según el CIS. Y no es para menos. Donde antes combatía el bandolerismo que asolaba los caminos, hoy lucha contra el terrorismo yihadista, el crimen organizado, la ciberdelincuencia y el narcotráfico. Desde sus Casas Cuarteles en los pueblos más remotos hasta las misiones internacionales bajo el paraguas de la ONU, FRONTEX o la OTAN, la Guardia Civil es un faro de orden y justicia en un mundo convulso.

Pero su grandeza no solo reside en su historia, en su modernidad o en sus especialidades —UCO, TEDAX, GEAS, GAR, Servicio Marítimo, Seprona, Aéreo, Montaña...—, que la convierten en una de las policías más completas y así la reconocen en todo el mundo. Su auténtica grandeza reside en su espíritu, ese “espíritu ahumadiano” que el Duque de Ahumada plasmó en la Cartilla del Guardia Civil: “Será siempre un pronóstico feliz para el afligido”. Esas palabras, escritas hace 181 años, siguen vigentes hoy y resonando en cada rescate, en cada noche de patrulla, en cada vida salvada. Porque la Guardia Civil no solo protege; inspira confianza, infunde esperanza y, en los peores momentos, recuerda a los españoles que no están solos.

No podemos olvidar las cicatrices que lleva el Cuerpo. En los años más negros del terrorismo de ETA, la Guardia Civil fue el blanco predilecto de los asesinos cobardes. guardias civiles y sus familias fueron asesinados a traición, con tiros en la nuca o coches bomba. Hombres como el guardia José Pardines, el primero en caer en 1968, o Raúl Centeno y Fernando Trapero, abatidos en 2007 en Francia, dieron su vida por la libertad de todos. Cada gota de la sangre de cada uno de los 238 guardias civiles, como dijo Luis María Ansón, fue “la sangre de España”. Y aun así, frente al odio y la barbarie, los guardias civiles nunca se rindieron. Con su Servicio de Información y el GAR, desmantelaron la estructura de ETA, demostrando que el honor siempre vence a la vileza.

Hoy, en este 181º Aniversario, rendimos homenaje a todos los hombres y mujeres que han vestido el uniforme y han lucido con honor nuestro tricornio: los que cayeron, los que sirven, los que pasaron a la reserva o a retirado y los que, con orgullo, se preparan para tomar el relevo. A ellos, y a los españoles que confían en su labor, dedico los versos de Francisco Aguado Sánchez:

.A los que regaron con su sangre, montañas y asfalto,
y a los que regaron con su sudor las tierras de España.
A los que velaron en las noches oscuras por campos y despoblados,
y a los que sufrieron el sol de tantos atardeceres.
A todos, porque todos hicieron la historia de nuestra Guardia Civil Española.

La Guardia Civil no es solo una institución; es un legado de valentía, lealtad y sacrificio que trasciende fronteras. Desde África hasta América, su modelo ha inspirado cuerpos policiales en todo el mundo. Es el orgullo de España, el garante de nuestra convivencia, el escudo que nos protege de los enemigos de la ley y el orden. A pesar de los ataques de quienes, desde la ignorancia o la malicia, buscan denigrarla, la Guardia Civil sigue en pie, firme, imperturbable, como el roble que resiste las tormentas.

Por eso, en este día de celebración, alcemos la voz con gratitud y admiración: ¡Viva la Guardia Civil! Gracias por 181 años de servicio ininterrumpido, de compromiso inquebrantable, por ser el faro que ilumina los caminos de España, por recordarnos que el honor y el servicio son la verdadera fuerza de una nación.

Guardias civiles de todos los tiempos, desde el cariño y el respeto de un compañero retirado por accidente en acto de servicio, os digo: ¡Orgullosos de ser Guardias Civiles!

Antonio Mancera Cárdenas
Guardia Civil retirado por accidente en acto de servicio.
Director de Tribuna Benemérita.