icono FACEBBOK icono TWITTER icono TWITTER icono YOUTUBE icono CARTAS AL DIRECTOR icono_INSTAGRAM.jpg icono DIRECCION icono DIRECCION

cabeceratribunabenemerita

11 guardia civil almeria marca de agua

La Guardia Civil, una vez más, se enfrenta a una lenta agonía, en esta ocasión con la más que cuestionable oferta de empleo público estimada para este año en 3.118 agentes, a toda vista insuficiente para paliar la pérdida de agentes que por edad, enfermedad o fallecimiento sufre la Institución cada año y que actualmente mantiene un déficit de plantilla que ronda los 12.000 agentes.

La prórroga de los Presupuestos Generales de 2023, usada como excusa por el Ministerio de Interior para no aumentar la oferta de empleo público para Guardia Civil, es estrangular al Instituto Armado, condenándolo a una sangría de efectivos que amenaza la seguridad del 80% del territorio español.

La Guardia Civil no es un lujo; es el alma de la seguridad ciudadana a nivel nacional, y su abandono es poner en peligro a la ciudadanía, especialmente en la España rural, así como mermar su capacidad de reacción para hacer frente a sus competencias exclusivas, control de carreteras, control de fronteras y aguas territoriales, control fiscal en puertos y aeropuertos, control de armas, del contrabando, del medio ambiente, lucha contra el narcotráfico y contra el terrorismo, entre otras.

Con una plantilla de 81.955 agentes según los últimos datos facilitados por el Ministerio de Interior en 2023, de los cuales un tercio supera los 50 años, la Guardia Civil enfrenta un envejecimiento más que evidente. Más de 25.729 agentes ingresados entre 1989 y 1993 comenzaron a pasar a la reserva en 2023, sumándose a los 7.235 que ya se encontraban en la situación de reserva pertenecientes a promociones de los 80.

Entre 2022 y 2025, se estima que el Cuerpo perderá 1.800 agentes activos, que podrían llegar a ser 2.000 o 2.500 anuales si contamos los que dejan el Cuerpo desde la situación de reserva y que aún se encuentran realizando servicio. Este éxodo, que comenzó con las promociones de los 80 (5.000 agentes ingresaban al año, divididos en dos promociones), no se compensa con las últimas convocatorias: 1.671 plazas en 2022, 2.520 en 2023, 2.721 en 2024, y 3.118 en 2025.

Cifras a todas luces insuficientes frente a las 5.000-6.000 plazas que se estiman necesarias cada año, cifras que las propias asociaciones profesionales han considerado como una burla, si recordamos que entre 2019 y 2021 apenas se ofertaron 200 plazas anuales, agravando el vacío dejado por los veteranos.

Mientras la Guardia Civil se desangra, las policías autonómicas engordan. La Ertzaintza, con 7.500 agentes para tres provincias, sumará 600 plazas en 2025. Los Mossos d’Esquadra, con 18.000 agentes, recibirán 1.300 plazas nuevas, con planes para superar los 25.000 para cubrir cuatro provincias españolas tan solo actuando como seguridad ciudadana, de momento claro, gracias a pactos entre la Generalitat y el Gobierno central.

¿Y la Guardia Civil? Con competencias exclusivas y responsable del 80% del territorio nacional, ve cómo sus demarcaciones se debilitan, poniendo en jaque la seguridad ciudadana.

Un agravio que se acrecienta en cuanto al sueldo, un agente autonómico cobra hasta 8.251 euros más al año que un guardia civil, ignorándose desde Interior las demandas de equiparación salarial, aumento de plantilla y profesión de riesgo, que exigen los propios agentes a través de sus asociaciones profesionales

La excusa de los presupuestos prorrogados desde 2023 es un insulto. La tasa de reposición del 125% para 2025, celebrada como “histórica” por el Ministerio, es insuficiente ya que apenas cubre la mitad de las bajas.

Sin agentes suficientes, los cuarteles rurales se vacían, los turnos se estiran, y la respuesta a los delitos se retrasa. La sociedad exige una Guardia Civil fuerte, no un Cuerpo exhausto que lucha por sobrevivir.

No valen promesas vacías, son necesarias convocatorias de 6.000 plazas anuales, al menos en los próximos cuatro años, incentivos para atraer y retener talento joven, y el reconocimiento de la labor que ejercen los guardias civiles como profesión de riesgo.

La Guardia Civil no puede seguir siendo la cenicienta de la seguridad, no lo merece la propia Institución, con unos resultados excelentes frente al delito en sus demarcaciones y sus competencias, no superado por otros cuerpos policiales en las suyas, no lo merecen sus agentes, que a pesar de las dificultades y las carencias a las que se enfrentan para realizar su trabajo, demuestran cada día su eficacia, y no lo merece la sociedad que exige una Guardia Civil fuerte a la delincuencia y que sabe que si a la Guardia Civil se la sigue debilitando, España pierde su escudo frente a la delincuencia.

ANTONIO MANCERA CÁRDENAS
Guardia Civil retirado por accidente en acto de servicio