
La presencia de la Guardia Civil en el Campo de Gibraltar durante 1858 queda reflejada junto a dos intervenciones de carácter humanitario protagonizadas en Algeciras
Prosiguiendo con el capítulo Organización y origen de la Guardia Civil, del Escalafón General de antigüedad de los Señores Jefes y Oficiales en 1º de enero de 1858, para conocer objetivamente donde estaban encuadradas sus fuerzas en la provincia gaditana, y más concretamente en el Campo de Gibraltar de entonces, así como singularmente en el término municipal de Algeciras, hay que poner en valor la claridad y detalle de la información que contiene.
En dicho texto, editado y difundido hace 168 años, es importante no olvidarse de tener presente que la Benemérita se trataba entonces del primer cuerpo policial del Estado existente, encontrándose ya desplegado en la mayor parte del territorio español.
Toda esta fuerza policial, de naturaleza militar, se hallaba entonces distribuida en 13 tercios, “que corresponden a cada una de las capitanías generales de la península e Islas Baleares, y cada tercio consta de tantas compañías como provincias tiene la capitanía general que cubre”. Dichas unidades eran de infantería, disponiéndose “la fuerza de caballería que se ha juzgado necesaria, atendidas las condiciones topográficas del país en el que el tercio presta su servicio”.
Se exceptuaba el Primer Tercio de la Guardia Civil cuya demarcación territorial estaba compuesta por las provincias de Madrid, Toledo, Cuenca, Ciudad Real, Guadalajara y Segovia. Su cabecera se encontraba situada en la capital del reino y contaba entonces con una compañía más, es decir, dos compañías de infantería en la provincia madrileña. Dicho tercio estaba entonces mandado por el brigadier Remigio Moltó Díaz-Berrio, que poco más de dos décadas y media después, ostentado ya el empleo de teniente general, sería director general de la Benemérita durante casi año y medio, concretamente entre el 6 de agosto de 1884 y el 9 de diciembre de 1885.
Seguidamente se hacía referencia a la compañía de guardias jóvenes, creada por reales órdenes de 6 de marzo y 1º de abril de 1853, “en la que, como sucede en los institutos de igual índole de las demás naciones europeas, ingresan los hijos de los subalternos del cuerpo, sargentos, cabos y guardias muertos en función del servicio, y los hijos de individuos de estas últimas clases que se hayan inutilizado para el servicio, y los hijos de individuos de estas últimas clases que se hayan inutilizado para el servicio, o que continuando en el cuerpo y siendo de sobresaliente conducta se hayan perpetuado o reenganchado, haciéndose merecedores de esta recompensa, que es al paso un estímulo al mérito y servicios”.
En el texto de dicho capítulo del “Escalafón” de 1858 se precisaba que contaba entonces 105 jóvenes en la mentada compañía, la cual estaba establecida en la población madrileña de Valdemoro, “donde el cuerpo tiene un edificio desahogado y de condiciones idóneas”. Seguidamente se explicaba que, a dichos jóvenes, con edades comprendidas entre los 8 y los 16 años, “se les da la educación primaria elemental, se les enseña gimnasia y la instrucción militar más completa con respecto a la clase en que pueden ingresar en el servicio”.
Continuaba exponiéndose que se les enseñaba música y los oficios de carpintero, sastre y zapatero. Concretamente, “a aquellos que lo deseen o se juzga les es conveniente”. Todo ello, con el objeto de que si al cumplir los 18 años, “bien por falta de aptitud física o por carecer de vocación para la carrera militar, hay alguno que no la pueda seguir, no carezca de medios con que procurarse honradamente el sustento”.
Prueba del rigor con que se aplicaba era el detalle que seguidamente se exponía sobre que habían causado baja en dicha compañía, desde su creación cinco años antes, un total de 35 jóvenes. De ellos, positivamente, 18 de ellos, tras cumplir la edad mencionada, habiendo sido destinados a los tercios para servir en las unidades de la Benemérita, más uno que lo fue a la Escuela de caballería, y otro, de escribiente al Ayuntamiento de Valdemoro. Respecto al resto, se mencionaba que un alumno había fallecido durante el periodo escolar, 2 habían causado baja por inutilidad física y 12 habían abandonado dicha compañía a petición de sus parientes.
Centrados ya en Algeciras, resultan de interés dos servicios del puesto de la Benemérita ubicado en dicho municipio, reseñados en el núm. 123 del periódico El Mentor del Guardia Civil, correspondiente al 24 de febrero de 1858.
El primero había acaecido en la mañana del día 29 de enero anterior, siendo protagonizado por los guardias civiles José Torres Martín y Vicente Rizo García. Resultó que ambos componentes del puesto algecireño habían salido de servicio de conducción de presos hacia San Roque. Al llegar, durante su recorrido, “al río de Palmones tuvieron ocasión de salvar de ser arrastrada por la corriente a una caballería cargada con el equipaje de un oficial, y varias prendas de vestuario pertenecientes a individuos del destacamento de la línea de Gibraltar”.
Respecto a este último lugar, que décadas después se denominaría La Línea de la Concepción, hay que recordar que entonces formaba parte del término municipal de San Roque. Sobre el servicio relatado hay que mencionar que los dos guardias civiles citados, recibieron “las gracias del que conducía la caballería”. Por otra parte, respecto al parte de novedades elevado a Madrid, el II Duque de Ahumada, “Excmo. Sr. Inspector general del Cuerpo se ha enterado con sumo aprecio”.
La otra reseña que se publicaba en el mismo ejemplar ponía en valor el carácter benemérito del Cuerpo. Resultó que, en la mañana del 30 de enero, “aparecieron en aquellas playas cuatro buques mercantes náufragos”. Tan pronto tuvo conocimiento de ello el cabo comandante del puesto de Algeciras, “salió con la fuerza a sus órdenes para prestar los auxilios que necesitasen los náufragos, de los cuales perecieron cinco, salvándose todos los demás”.
Allí debieron sumarse, entre otras, a las fuerzas del Cuerpo de Carabineros dedicadas a la vigilancia de ese tramo de costa que tenían por principal misión luchar contra el contrabando procedente de la colonia británica de Gibraltar. Además de su actuación benemérita, ya centrados en sus funciones específicas de seguridad del Estado, “la fuerza del puesto continuó custodiando los efectos que arrojaban las aguas, y así permaneció hasta que todos estuvieron en completa seguridad”, evitando bien seguro, de no haber estado allí, la rapiña de los mismos.
Jesús Núñez Calvo
Coronel de la Guardia Civil (R) y doctor en Historia









































































