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 todo por la patria

Deberíamos reflexionar todos sobre el lema “Todo por la Patria”, un emblema que resuena en los corazones de quienes sirven en las Fuerzas Armadas y la Guardia Civil, y que recientemente ha sido cuestionado por la formación política “Una Extremadura Digna”, que aboga por su retirada de los cuarteles.

Esta propuesta, lejos de ser un debate constructivo, revela un profundo desconocimiento del significado histórico, emocional y democrático que encierra este lema, así como una incomprensión del compromiso que militares y guardias civiles asumen al jurar servir a España.

El poeta extremeño José de Espronceda, en la frase “Servir a la Patria es servir a la libertad”, que se le atribuye, capturó la esencia de lo que significa la Patria: no solo un territorio, sino el hogar espiritual de un pueblo, el refugio de sus valores, la cuna de su historia y la promesa de su futuro. La Patria todo eso y más, es el marco de leyes y principios democráticos que garantizan nuestra convivencia, como consagra la Constitución Española de 1978.

Defender la Patria es, defender la libertad, la democracia y el respeto por las normas que nos unen como nación.

El lema “Todo por la Patria” no es una mera consigna; es un compromiso visceral, un juramento de entrega absoluta que impulsa a militares y guardias civiles a proteger no solo el suelo español, sino los ideales que nos definen: la unidad, la diversidad cultural, la solidaridad y el respeto mutuo. Es un canto al sacrificio, a la lealtad y al orgullo de pertenecer a una nación que, como musa, inspira a sus hijos a darlo todo, incluso la vida, por el bien común.

Este sentimiento, lejos de ser una reliquia del pasado, es un pilar vivo que sostiene la vocación de servicio de quienes velan por nuestra seguridad.

La propuesta de “Una Extremadura Digna” de retirar este lema, o incluso de sustituirlo por “Todo por la democracia”, ignora su arraigo histórico y su significado universal. “Todo por la Patria” no es un invento moderno ni un vestigio de épocas oscuras, como algunos pretenden, al intentar asociarla con el franquismo en un ejercicio de manipulación histórica. Sus raíces se hunden en la Guerra de la Independencia (1808-1814), cuando el pueblo español, unido, resistió la invasión napoleónica bajo el ideal de sacrificio por la nación. Reducir este lema a un solo periodo histórico, como la Guerra Civil, no solo es un error, sino una afrenta a la memoria colectiva de España.

Quienes piden su retirada de los cuarteles demuestran no solo ignorancia histórica, sino también una preocupante desconexión con el espíritu de servicio que define a nuestras Fuerzas Armadas y Guardia Civil.

Estas instituciones, que acceden a sus filas mediante oposiciones —un proceso inherentemente democrático—, encarnan la defensa de los ciudadanos, sus derechos y sus leyes.

No hay nada más democrático que jurar proteger a todos los españoles, sin distinción, bajo el lema “Todo por la Patria”. Este compromiso no es un eslogan vacío en una fachada; es un pacto de honor que trasciende intereses personales y se renueva cada día en el servicio desinteresado de quienes lo abrazan.

A los detractores del lema, les invitamos a reflexionar: ¿qué hay de antidemocrático en dedicar la vida a proteger a los ciudadanos, sus leyes y su libertad? ¿Qué hay de obsoleto en un ideal que inspira solidaridad y sacrificio?

La Patria no es solo un concepto geográfico; es la suma de nuestras gentes, nuestras historias, nuestros pueblos y ciudades, nuestro marco legal y nuestra democracia. Es, en definitiva, todo lo que somos.

En lugar de atacar un lema que representa unidad y entrega, proponemos una alternativa que refuerce su espíritu: “Todo por la Patria, nada por nosotros”. Esta máxima refleja la esencia del servicio militar y de la Guardia Civil: una renuncia a ambiciones egoístas en favor del bien común.

Mientras algunos se pierden en debates estériles, los hombres y mujeres de nuestros cuarteles seguirán dándolo “Todo por la Patria”, porque para ellos no es solo un lema en una fachada, sino un compromiso grabado en el alma.

La Patria, como decía Horacio, es dulce y honorable. Y servirla, como nos enseñó Espronceda, es servir a la libertad. Algo que los políticos olvidan.